DECÍAMOS en el anterior, ¡alea jacta est!, ¡la suerte está echada! Ya no puede haber más cambios ni nuevos fichajes, igual que en el fútbol. Veíamos a un Rajoy como hombre serio y responsable, y a Espe, perdón, a doña Esperanza Aguirre, como un gran apoyo leal desde la jefatura de la autonomía madrileña; la de la capital de España.
Con Gallardón la cosa era bien distinta, y lo sigue siendo, porque sigue con sus aspiraciones, ¡desde los tiempos de Aznar!, de ser el sucesor, el presidente del partido y, algún día, el de la nación. Y eso es saltarse muy mucho lo que se conoce como el conducto reglamentario que existe en cualquier organización militar o civil; pública o privada. Así que lo único que tiene que hacer don Alberto es lo mismo que Esperanza Aguirre: seguir llevando el ayuntamiento de la "gran ciudad" -que para eso se le votó- en las pasadas elecciones autonómicas. Si quiere apoyar, o no, a don Mariano, es cosa suya, pero nunca actuar en detrimento de su partido, el PP. Luego, pasados esos cuatro años, él decidirá si deja la política, la alcaldía, el PP o se pasa a otro partido. Y todo eso, por sí solo, sin tener que consultar con los mayores como, por ejemplo, Manuel Fraga, que está más para que le aconsejen a él. Así que, de momento, su misión es seguir siendo un buen alcalde de Madrid, la capital de España. Nada más... y nada menos.
Aclarados estos dos casos, les recuerdo que estos dos artículos se deben a estas dos cosas: las permutas de personajes en los partidos políticos y la compra/venta de votos, que en unas preelecciones resulta deprimente, insultante, vejatorio, etc., etc.
Porque, en cuanto al cambio de Gallardón por Pizarro, que tanto enfadó al PSOE, ¿por qué aquí, en Canarias, no han cogido los socialistas igual berrinche, cuando el que descendió de los cielos para ser el nuevo presidente salvador de todos los canarios, López Aguilar, y luchar denodadamente en nuestro Parlamento contra la corrupción generalizada en las Islas Canarias, se va ahora tan pancho como diputado a Madrid y les deja con tres palmos de narices? ¿Por qué no hay críticas ante ese cambio?
¿Por qué no se han producido los mismos reproches por el "retornado" Bono, que juró dejar la política por sus hijos y familia, y ya lo tenemos ahí en loor de multitudes para ser el presidente de las Cortes, y quién sabe si con apetencias de ser también el futuro presidente del Gobierno? ¿Tampoco críticas ni crispados comentarios?
En cuanto a la compra/venta de votos coincido plenamente con mi antagonista por antonomasia, Llamaradas, perdón, Llamazares, que ha jurado y sentenciado: "La medida de ofrecer 400 euros es injusta, irresponsable y temeraria". Algo mal habrán hecho José Luis R. Zapatero, el conseguidor, y Solbes, el regalador, para que el camarada comunista y este servidor de ustedes estemos totalmente de acuerdo con esta clase de "regalos". Porque les añado estas tres cosas: a) ese dinero que se nos ofrece no es del Gobierno ni del PSOE ni del Banco de España, sino de lo que contribuimos todos los ciudadanos, b) esa cantidad representa 33 euros mensuales, ¡un voto, por 33 euros al mes! y c) porque 400 euros en una simple familia con dos hijos no duran ni un fin de semana para cine, botella de agua y cotufas. Lo dicho: insultante, vejatorio... preocupante.
La misma preocupación que deberían tener los socialistas de pro al coincidir plenamente en el cambio "Pizarro/Gallardón" con los argumentos del facha, franquista, recalcitrante, anciano y dinosaurio, don Manuel Fraga. Algo no concuerda, algo no encaja.
Encajan las medidas del PP para los inmigrantes que, de cumplirlas, podrán acceder a una carrera; lo otro es para seguir siendo sólo "mano de obra".
Así que manos a la obra con esta carta al principal protagonista de estos últimos días preelectorales, don Manuel Pizarro. Mire usted: nosotros queremos un ministro de Hacienda austero, sensato y cauteloso. Sin alardes ni magias que crean falsas ilusiones. Que no nos venda humo, vaya. Por eso (sigo con la carta) yo le pido que si alguna vez fuera o fuese ministro de la hacienda pública, no permitiría que el futuro presidente, Rajoy, engañara al ciudadano honrado, honesto y trabajador con cheques bebés, pisos baratos para los jóvenes, cánones digitales como potenciales chorizos, promesas demagógicas para los inmigrantes legales, anhelos inalcanzables para los ilegales y facilidades y prebendas para los vagos, en detrimento de los que curran día a día, todos los días.
Pero lo que más me preocupa, querido votante y votanta, no es que el presidente de la nación, con su suministro de Hacienda, nos vendan burdamente todas esas falsas medidas económicas sino que nosotros nos dejemos comprar.
He dicho.
* Agente de compra-venta
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