1.- El pasado lunes, día 4 de febrero, viajamos mi hija María Eugenia y yo, en un avión de American Airlines, desde La Guardia, uno de los tres aeropuertos de Nueva York, a Miami. Llegamos con tiempo suficiente al edificio terminal, facturamos en el mostrador de bussiness de la compañía, pagamos 50 dólares por exceso de equipaje (por heavy bag, maleta pesada, dicen ellos), recibimos las tarjetas de embarque, nos dirigimos a seguridad y, por el camino, una agente nos dijo que habíamos sido seleccionados por American para pasar un control extra. Yo he aprendido que en los Estados Unidos nunca se pregunta el por qué de las cosas, así que los dos -mi hija también tiene asumida la lección- fuimos separados del resto de los viajeros, cacheados amablemente e impedidos de tocar nuestro equipaje de mano. Tras despojarnos de nuestros zapatos (a todo el mundo se los hacen quitar ahora en los aeropuertos USA), el equipaje de mano y singularmente sus cremalleras y nuestros ordenadores personales fueron sometidos a la prueba de la parafina.
2.- Esta prueba, usada habitualmente en investigaciones policiales, permite detectar la presencia de pólvora y posiblemente otros explosivos en el cuerpo humano y en los enseres de quienes los utilizan. Naturalmente dio negativa; una especie de estopa recorre los elementos susceptibles de ser investigados y luego los incorporan a una computadora, que registra el más mínimo rastro de explosivos. Estos extremos me los explicó (sin yo preguntar, pero posiblemente ante mi cara de pocos amigos) quien hacía de poli bueno (había otro malo) durante la operación, que duró unos pocos minutos, pero que mosquea bastante.
3.- Tras esta operación, nos pidieron disculpas con displicencia y nos dejaron dirigirnos a la sala de embarque del aeropuerto. Yo no pude con mi condición e indagué ante el poli bueno sobre por qué precisamente a nosotros y por el motivo de las exageradas medidas de seguridad. Una pregunta estúpida la última, teniendo en cuenta el drama vivido por este país el 11 S. Pero el hombre quiso complacerme y me dio más información. A la primera pregunta, que la cosa era aleatoria. Me enteré entonces que hay veces que te meten en una especie de ascensor que te lanza aire por todo el cuerpo para detectar elementos sospechosos adosados a las personas investigadas. Es decir, que tuvimos suerte, pudimos llegar a tiempo al avión y volamos hacia Miami sin mayores incidencias.
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