QUIZÁS EN LA SOCIEDAD que estamos viviendo, el avance y el crecimiento sociocultural ha sido tal que hay aspectos que a los de mi generación se nos escapan de las manos. Los que tenemos hijos nacidos después de los 80 hemos llegado a ser "esclavos" de nuestros padres y ahora lo somos de nuestros hijos y cuando hablamos con ellos nos cuesta entender el modelo de sociedad en que vivimos.
El aumento de la violencia, siempre desde mi modesta opinión, es algo que quizás ha crecido vertiginosamente, posiblemente, porque los padres de hoy dedicamos menos tiempo a nuestros hijos por el estrés que acumulamos en este moderno estilo de vida, posiblemente, porque la televisión de hoy, no es la que teníamos nosotros o simplemente y en definitiva, porque la educación que estamos inculcando a nuestros hijos no es la adecuada, porque la que nos dieron a nosotros, dicen nuestros hijos, está anticuada, aunque nosotros consideramos y presumamos que fue lo mejor que nos dieron nuestros padres.
En el fútbol y más dentro del fútbol base no va a ser menos y este problema cada vez se agrava más. Y yo me pregunto, ¿a qué estamos esperando? ¿Cuántos linchamientos necesitamos para actuar? ¿Por qué no se toman medidas desde las instituciones implicadas? ¿Tan complejo es ser drástico en una situación que se nos va de las manos?
Posiblemente, bajo mi humilde opinión de entrenador y siempre hablando a nivel general, porque en este mundillo evidentemente hay gente muy válida, cada fin de semana el escenario público donde se junta mayor concentración de malos modos y una competitividad tan extrema como absurda sea en los campos de fútbol.
Estamos hartos de oír en los medios de comunicación incidentes como agresiones a árbitros, tanganas, agresiones entre jugadores y, prácticamente, la frecuencia desgraciadamente es semanal. Cuando uno va a una de las numerosas instalaciones que poseemos con la intención de ver un espectáculo deportivo, llegamos a ver a chicos que les llega el pantalón del equipaje a las rodillas, que ese día juegan un partido importante porque se juegan ser primeros o clasificarse entre los mejores. Su entrenador les ha estado motivando toda la semana, llega el comienzo del partido y el niño está loco de alegría, se siente orgulloso de que todos le estemos mirando con su equipaje y aplaudamos a la salida del vestuario. Llega el momento de tocar su primer balón, su primera intervención y tiene una emoción que le invade, despeja y sale mal, y, de repente, como si tuvieran resortes en el trasero, y, se oyen dos voces: la primera es la del entrenador que le dice que se centre, la segunda es de su padre, sí, su padre, el que le buscó equipo, le compró las botas, le lleva a todos los entrenamientos en coche, le compra su refresco cuando termina de entrenar, su frase es corta pero muy explícita: "Joder, ¿a qué has venido, a jugar o a hacer el gandul?" A partir de aquí este niño no va a volver a disfrutar más del partido, ya va a intentar hacer todo lo posible para agradar a su padre, pero haciendo esto no se agrada a sí mismo, ya no es feliz haciendo lo que más le gusta. Este deporte ya no es lo que él creía, y se le va inculcando crispación, malos modos; él creía que esto era un juego, pero se está dando cuenta desde tan pequeño que esto va más allá. Por eso creo que debemos dejar que el fútbol siga siendo su hobby no su preocupación.
Y creo que el problema se puede empezar a erradicar desde los mismos clubes y la propia federación. ¿Cómo?, muy sencillo: pensemos en tener en nuestros clubes personas por encima de todo, de nada sirve tener un pedazo de futbolista, si fin de semana sí y fin de semana también me la lía, ya sea por el propio futbolista o por sus padres, pero claro, la solución no está en dejarlo ir a otro club, porque el problema persiste, ahí es donde debe intervenir la federación, fabricando bases de datos, donde chicos con más de un incidente en su haber deban tener castigos ejemplares, seguramente reduciríamos la violencia en el fútbol considerablemente.
No quiero ser pesimista ante esta situación, pero no podemos cruzarnos de brazos y oír como he oído, "el fútbol es así". No señores, lo estamos haciendo así o estamos dejando que lo hagan así, estamos a tiempo de poder disfrutar de un espectáculo tan bonito como limpio. Fútbol limpio y sin violencia.
* Entrenador nacional de fútbol
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