MI QUERIDO y admirado amigo: Pasaste por aquí sin hacer ruido, elegante, serio y persona de la que los que tuvimos la suerte de conocerte podemos confirmar que para nosotros fue una verdadera satisfacción y un gran honor. Santos, de ti recuerdo, entre otras muchas cosas, que sólo "la liabas" cuando llevabas el balón entre tus pies y lo jugabas, primero en nuestro Tenerife, junto a los recordados Cuco, Ñito (hoy totalmente acongojado por tu marcha), Padrón, Pérez Andreu, Zubillaga (mi amigo, el hijo del carnicero de la calle de San Martín, en la ciudad de San Sebastián) y todos aquellos nombres de los que fuimos admiradores, como la mayoría de los componentes de nuestra provincia. Después, te fuiste para triunfar en el Zaragoza, formando parte de una de las mejores delanteras nacionales a la que conocimos como "los cinco magníficos", ¡qué fineza! Más tarde, nos encontramos en Tudela y hace poco más de un año tuvimos nuestra última conversación, en una cafetería cercana a la plaza del Príncipe, donde recordamos anécdotas de nuestra juventud. Hoy, que no me puedes rebatir, debo confesarte que eras un "pesado" ya que lo primero que hacías cuando nos encontrábamos era el reñirme (cariñosamente) por no haberme "esforzado para llegar" (decías). Te interesaste, ya que conocías el tema, por mi problema inmobiliario, en Hoya Fría, un caso en el que no creí conveniente involucrarte, pues estaba encomendado a una persona sumamente seria y conocida (de la que me hablaste de maravilla), aunque me pregunto habiéndote conocido: ¿Hablaste mal de alguien alguna vez? Estoy seguro, Eleuterio, de que no.
Estando con los maños nos vimos en La Rosaleda, el campo del Málaga, donde jugaba Arias. También en Madrid, cuando teníamos al bueno de Julio Santaella, el resolutivo "Colo", en el Atlético de Madrid, e incluso en Barcelona, donde ya no recuerdo si estaba jugando Foncho, aquel del campo de La Manzanilla lagunero, donde se entrenaba el Estrella C.D.F. Todo ello, amigo, en el cenit de tu carrera junto a los Canario, Villa, Lapetra y Marcelino. Fuiste, Eleuterio, en silencio siempre honesto, serio y buena gente. Así recordaremos tu paso por aquí, querido amigo, hasta que nos encontremos por ahí arriba. Ten la completa seguridad de que seguiremos comentando tus hazañas futbolísticas con los más jóvenes, pero que sepas, allá donde estés, que siempre te tendremos presente como esa gran y noble persona a la que conocimos, admiramos y a la que tuvimos la suerte de tener como amigo.
* Ex campeón de España de boxeo
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