EFE, Washington
Estados Unidos, desde Alaska hasta Nueva York, celebró ayer un "supermartes" no apto para cardíacos, una jornada de elecciones primarias en la que los demócratas estaban aparentemente empatados y los republicanos luchaban por despegar. Un total de 24 estados, entre ellos California, por su tamaño el "gran premio" de la jornada, expresaron ayer sus preferencias entre un abanico de posibilidades que, realmente, ya se circunscribe a la lucha entre dos demócratas y dos republicanos. Al cierre de esta edición se desconocían los resultados.
Los senadores demócratas Hillary Clinton y Barack Obama, que desde el comienzo de la campaña de primarias libran un cuerpo a cuerpo sin precedentes en la historia electoral de este país, llegaron a la jornada de ayer con las espadas más en alto que nunca y, según las encuestas, en un "empate técnico".
El último sondeo de CNN demostraba que Obama había conseguido erosionar el apoyo que Hillary tenía en todo el país e, incluso, superar a la senadora neoyorquina en intención de voto: Obama tenía un 49% y Hillary un 46%, en un recuento que prevé un margen de error del 4,5%.
Por tanto, era difícil aventurar quien sería el ganador y, dado que las reglas demócratas marcan que el reparto de delegados debe ser proporcional al número de votos, era previsible que los 1.681 delegados demócratas que ayer se votaban terminasen muy repartidos.
Habrá que esperar a que se complete, o al menos a que avance más el proceso de primarias y caucus en todo el país para tener más claro quién será el candidato demócrata a la Casa Blanca en 2008.
El propio Obama lo ha dejado muy claro: "No importa lo que pase, creo que la de hoy (ayer) será una decisión muy repartida".
Y tanto Obama como Hillary utilizan sus mejores armas para captar los votos indecisos. El, con Ted Kennedy y Robert de Niro al lado, vende que el "cambio es posible". Y la senadora, que rentabilizó sus lágrimas hasta la victoria en Nuevo Hampshire, volvió a emocionarse el lunes en Yale, su alma mater en Connecticut.
La pugna es tal que algunos analistas hablan, incluso, de la posibilidad de que la Convención Demócrata de Denver, a finales de agosto, se convierta en una "Convención abierta", es decir, en una reunión en la que no se proclama al candidato, sino en la que se decide quién es el candidato, algo que ocurrió por última vez en 1952.
Votación en Madrid
Chapas, pegatinas, banderas y jazz acompañaron ayer a los votantes demócratas de EEUU en Madrid para elegir por primera vez de forma presencial a su candidato a las elecciones presidenciales de su país, en un "supermartes" al más puro estilo estadounidense. A partir de las 19.00 GMT la capital española se convirtió en uno de los 76 centros de votación presencial que la organización "Democrats Abroad" ha distribuido por 33 países para que los demócratas expatriados puedan llevar sus propios 22 delegados a la convención de Denver, de la que saldrá el candidato de su partido. Nada le faltó a la convocatoria madrileña, ni siquiera las minoritarias protestas que, fuera del local en el que se celebró el "supermartes", arremetían contra ambos partidos, incluso el republicano, que, a diferencia de sus rivales políticos, decidió no celebrar votaciones presenciales en el exterior. En el bando demócrata, la división casi paritaria que ha quedado reflejada en los estados que ya han elegido a sus delegados pudo verse también en la reunión de Madrid, en la que el senador Barack Obama contó con su propio rincón, separado del resto de candidatos.
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