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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

La casa

6/feb/08 18:49
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1.- La gente que va a mi casa, que no es mucha porque selecciono, dice que vivo dentro de un museo. La afición al coleccionismo hace que se den cita en él miles de objetos que un día alguien tendrá que recibir. Lo cierto es que una casa muy grande, en el campo orotavense, o al menos muy cerca del campo, se me ha quedado pequeña. Es tan agradable vivir aquí que yo casi no salgo, si no es para ir de viaje, como ahora, que escribo en Miami. Desde hace tiempo nuestra isla me queda estrecha y mira que la quiero. Pero, sin embargo, mi casa me inspira placidez y bienestar, porque la he hecho a mi gusto, con todas las comodidades y exponiendo, abiertos, todos los recuerdos: cosas de los viajes, fotos de personas queridas que están o que se han ido, colecciones, coches.

2.- Una casa es un reducto maravilloso; Azorín las describía con tal maestría que podía gastar páginas y páginas de cualquiera de sus ensayos hablando de ellas. Juan Ramón Jiménez se mudaba dos o tres veces al año; se habituó. Es cuestión de proponérselo. A mí me gusta mucho cambiar los objetos de lugar para que la casa parezca siempre nueva. Además, dicen que es saludable, que trae buena suerte. Pero las mudanzas me abruman un poco y las quiero culminar tan deprisa que me lo dejo todo atrás: un desastre. La casa es la primera ambición de las personas; poseer una vivienda y convertirla en hogar suponen extremos prioritarios para los que viven solos o con sus familias. Uno confía en su casa.

3.- Me da mucha pena cuando veo en la televisión a la gente que pierde sus viviendas, sobre todo a la gente más humilde, víctima de la guerra, de un tifón, un incendio o la crecida de un río. Me gusta, como a Azorín, desmenuzar los rincones, fijarme en la menudencia de los hogares, en el buen o mal gusto de colocar un cuadro aquí o allá; en la cocina; en la biblioteca, sobre todo en el orden y en el desorden de la biblioteca; en el color de los tresillos y en la frondosidad de los jardines; y en los olores, que los hay magníficos. No soporto una casa que huela a comida, por ejemplo. Una casa es un santuario para todos, un refugio, un lugar seguro, un puerto de abrigo permanente. Uno se quiere morir en la casa, como en casa no se come en ninguna parte, en la casa uno escribe y lee; en la casa trabajo, me pongo en contacto con ustedes, hago la radio, accedo a la Internet. La casa es casi todo. ¿O no? Como para que luego te ejecuten una hipoteca. (Perdonen, pero es bueno recordar que es preciso pagarla para que esto no ocurra).

achaves@radioburgado.com

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