EN LA CULTURA moderna, uno de los dogmas fundamentales que se está mostrando es la fe en el poder absoluto. Con la fuerza de la razón, la persona es capaz de resolver todos los problemas de la existencia. En la raíz de esta postura "racionalista" hay una convicción que está creciendo progresivamente: lo único que existe es lo que el ser humano puede verificar con su razón. Fuera de lo que él no pueda comprobar, no hay nada real. Y, todavía, lo más curioso y lamentable, si esto es así, es que ya no hay sitio para Dios ni para la religión. El mundo se intenta reducir a un sistema cerrado que el ser humano puede dominar con el poder la ciencia y la técnica. Incluso, en España, esta ciencia y técnica ya se podrá alcanzar con la preparación escolar de cuatro suspensos en cada curso. Por otra parte, con esta cultura tan fácil de adquirir, la fe en un Dios trascendente queda descalificada de raíz como una postura ingenua y primitiva. Y para lograr más fácilmente este resultado, el Gobierno español actual anuncia, por la Fundación Alternativas, que "los crucifijos en los colegios están en vías de extinción". Ya nadie puede extrañarse de esta realidad que se está viviendo en España: por todas partes se divulga una cultura totalmente "racionalista" donde lo religioso aparece como una postura de personas desfasadas que pueden cultivar en su corazón, pero que ya está superada hace tiempo por la "ciencia" y el "progreso".
En cualquier programa televisivo y en algunos artículos periodísticos se pueden escuchar y leer toda clase de comentarios irónicos y frívolos sobre lo religioso, hechos por personas de la vida social interesadas en dejar bien claro su agnosticismo para no ser tachados de poco progresistas. Esta postura se está extendiendo en personas políticas que, incluso, se consideran católicas, pero sólo oportuna e interesadamente, no como vivencia evangélica. Con este cultivo -en las mentes de algunos políticos en el poder democrático español y fuera de él- se ha ido tomando conciencia de que la pretensión "racionalista" de que no existe nada más que más que lo que el hombre puede conocer con su razón no se basa en ningún análisis científico de la realidad. El hombre moderno ha decidido que no hay nada fuera de lo que él mismo puede comprobar, pero esta convicción primera no proviene de ninguna verificación racional. Es un prejuicio de esa creencia, anterior a cualquier intervención positiva de la misma razón.
Pero lo curioso, y como contraste a esta situación, es la realidad que ya se está dando en España, y en otros países europeos, muy esperanzadora por cierto: personas cultas, científicos que se manifiestan entre los más serios y rigurosos del momento actual y respiran un clima totalmente contrario, hace ya bastante tiempo que hablan y escriben que la razón no puede responder a todos los interrogantes que plantea la existencia. Y ellas mismas, precisamente, son las que sienten y afirman la necesidad que tiene la humanidad actual de cultivar con seriedad la poesía, la ética, la metafísica y la religión, junto a la ciencia y a la misma política; que ha llegado el momento de revisar la naturaleza del conocimiento científico y de explorar las verdaderas raíces de la experiencia religiosa. Porque ciencia y religión no se excluyen, se complementan. Por eso, la humanidad las necesita para mantenerse en su verdadero crecimiento
Esa política, que es un arte tan difícil y tan noble, porque requiere una preparación muy responsable para ejercerla, olvidándose del propio interés y de toda ganancia venal. Y esto se manifiesta luchando con integridad moral y con toda prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia de un solo hombre o de un solo partido político. Por eso, la política, así vivida, no tiene por qué apartarse de la religión sino abrirse, sin prejuicios, a toda la verdad de la existencia. Y esto, se quiera o no reconocer, es lo verdaderamente progresista y lo que más ennoblece a la política y a los políticos que la ejercen o apoyan por el bien de todos los ciudadanos.
* Capellán de la clínica S. Juan de Dios
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