CRISTINA ÁLVAREZ, Tenerife
La inseguridad y los hechos vandálicos se han adueñado de las 108 Viviendas de San Pío, en la carretera de El Rosario. Los residentes denuncian que "la situación es tal que los vecinos tenemos miedo a salir por la noche de nuestras casas si oímos algún ruido. Últimamente la inseguridad es algo constante. Esto es como vivir en el infierno porque ni siquiera queremos bajar a los garajes por la noche, ya que nos hemos encontrado con personas con cuchillos en la mano. Hace un mes le pincharon las ruedas a un coche y dos meses atrás incendiaron otro".
Ataque al ascensor.- El último percance surgió sobre las once y media de la noche del domingo cuando los vecinos del bloque 4 escucharon unos golpes muy fuertes. Al asomarse a las puertas de sus casas vieron a un hombre que golpeaba fuertemente la puerta de un ascensor que acabó por romper y que ha dejado aisladas a muchos vecinos de los pisos altos que no pueden bajar ni subir las escaleras por problemas de salud, llegando algunos a estar impedidos y sometidos a estar en la cama.
El presunto autor salió corriendo cuando le llamaron la atención y pudo escapar antes de que se personaran cuatro coches patrulla de la Policía Nacional y es que debido a la forma en que están construidos los bloques de las 108 Viviendas de San Pío es muy fácil escapar por alguna de las zonas comunes, por los garajes o las azoteas.
Nuria Calduch, presidenta de la comunidad de vecinos, comenta que "al ser un acto vandálico vamos a tener que hacernos cargo nosotros de la reparación del ascensor porque el autor huyó".
Algunas de las puertas de acceso a los bloques están siempre abiertas y sólo la del bloque 5 se cierra por las noches porque rompen las cerraduras y al ser muy pesadas porque están hechas de hierro se escuchan los portazos durante todo el día. A la inseguridad de los coches que corren el riesgo de sufrir calcinaciones, se suman las zonas comunes que no se limpian porque muchos vecinos no pagan sus cuotas y no se puede contratar a una señora que adecente las escaleras. Por si fuera poco, hay que colocar nuevos buzones porque o están rotos o abiertos; además, ahora se suma que no hay ascensor, que los interruptores ya se hayan colocado más de un centenar de veces y que el agua se obtenga gracias a unas bombas. A estos problemas se une la rotura de las cristaleras de la parte inferior de los bloques, que en su día se colocaron por petición de los vecinos, pero ahora destrozarlas es una diversión más para quienes no quieren vivir en un edificio limpio, en condiciones, sin desperfectos y cuidado.
Una dimisión.- La situación que viven los vecinos es tal que la presidenta de la comunidad, Nuria Calduch, piensa en dimitir y entregar las llaves al ayuntamiento, ya que "ni podemos cobrar las deudas de algunos vecinos, que no pagan la comunidad desde hace 5 años y que ya deben 25.000 euros. Además estamos en quiebra y no podemos hacernos cargo de todo".
Calduch afirmó a EL DÍA que "es Viviendas Municipales quien tiene que darnos el visto bueno para que se puedan separar los bloques. De esta forma cada bloque tendría su propia zona común, su propia comunidad y su propia puerta de acceso".
Por último, los miembros de la comunidad consideran que se debería construir un puente de acceso a la calle porque ahora hay dos puentes por los que entra y sale todo el mundo.
Nuria Calduch echa en falta que la promesa que hizo el alcalde, Miguel Zerolo, a la comunidad de vecinos antes de las pasadas elecciones tras una reunión no fraguara y, por si fuera poco, tampoco la visita del concejal del distrito Ofra-Costa Sur, José Alberto Díaz-Estébanez, durante la cual se le informó de todo lo que ocurría en las 108 Viviendas de San Pío, las incomodidades que estaban pasando. "Todavía estoy esperando a que me llame", dice la presidenta, aunque "se le enseñó lo mal que está esto".
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