A una periodista caribeña, Lila Machado, su revista -la revista para la cual trabaja- le ha pedido un artículo sobre la cocina hi-tech, y la colega no ha tenido otra ocurrencia que ponerse en contacto conmigo para que le eche una manita. Por lo visto, encontró en internet un escrito mío en el que hablaba de Madrid-Fusión y eso hizo que me supusiera un experto en la materia.
Decepcionaré a la dama, porque no es así ni mucho menos. Poco sé yo, que me pirro por un potaje de berros, una buena tortilla de papas o un caserísimo arroz amarillo, de esas vainas que son el no va más de la modernidad, aunque, a decir verdad, sí se pueden esbozar algunas ideas y conceptos al respecto, que enviaré a mi amable comunicante por si le sirven de algo.
La cocina hi-tech, como su propia denominación permite sospechar, es aquella en la que se utilizan las altas tecnologías. Madrid-Fusión es un buen escenario para el intercambio de descubrimientos y aplicaciones en este terreno. Los cocineros inventan y tratan de comprobar de qué modo el mundo tecnológico puede mejorar o simplemente hacer más espectaculares y divertidas sus creaciones. No todos los experimentos tienen éxito y se difunden. Por ejemplo, que yo sepa, el papel de fotocopia comestible con sabor al alimento fotografiado en él se quedó en simple anécdota, lo mismo que algunos artilugios curiosos, como los tubitos de calor que asaban las gambas y los langostinos por el interior. Pongamos por caso. Otros descubrimientos e iniciativas, aunque muy comentados y sorprendentes son empleados, realmente, por escasos chefs. Es el caso del nitrógeno líquido, que no se usa en casi ningún restaurante de los que el lector y un servidor frecuentamos.
Pero, si nos paramos a pensarlo, a la hora de la verdad resulta que la cocina hi-tech ha entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana. De la de todos. Quiero decir que, ahora mismo, utilizamos habitualmente aparatos que nos parecen muy normales, pero que, en su día, fueron hi-tech. El microondas, sin ir más lejos. O la cocina de vitrocerámica, que ya está en casi todos los nuevos hogares desde hace tiempo. En su día esos dispositivos tan cotidianos fueron alta tecnología. Y es verdad que cualquier cocinero se vale ahora mismo de pequeñas maravillas tecnológicas que sí han demostrado su utilidad. Dos botones de muestra: el sifón y el pequeño soplete de gas. No hablemos ya de las virguerías que hacen los maestros culinarios con la termomix, que ha terminado por resultar indispensable en cualquier cocina profesional.
En realidad podríamos concluir que la cocina hi-tech de los grandes chefs mediáticos viene a ser como la fórmula 1 de lo coquinario. El universo de donde surgen las ideas brillantes en materia tecnológica que, luego, si funcionan verdaderamente, se aplicarán a los coches comunes para mejorarlos. O a las cocinas domésticas para hacernos la vida más sencilla, más cómoda y más sabrosa.
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