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MARIA DEL PINO FUENTES DE ARMAS*

Irresponsables

4/feb/08 18:47
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Con la cita electoral de marzo se suceden las promesas de unos y otros. Promesas que se formulan generalmente sin corbata para dar una imagen de proximidad al ciudadano de a pie, tirando de refranes aunque se sea analfabeto de izquierdas o iletrado de derechas, ¡que de todo se cosecha en el huerto de la política de este país! El ejercicio de demagogia eclipsa cualquier otro notición, asistimos a una carrera de fondo por mantenerse o alcanzar el poder a toda costa, pasando por encima de los cadáveres arrojados por otros periodos de gobierno que de manera infame han agrietado los valores sociales de un país que demuestra, una vez más, ser autocomplaciente, olvidarse de los errores pese a la tan traída y llevada "ley de la memoria histórica".

Patético el partido en el poder, irresponsables los que figuran en la oposición, ambos haciendo promesas para comprar votos de "unos" con el dinero de "otros" en un ejercicio de arrogancia sin precedentes. Ni veo ni oigo, y mucho menos leo, autocríticas por la mala gestión, el entonar el "mea culpa" por la irresponsabilidad de convertir a las nuevas generaciones en clientes portadores de cheques regalo: por parir, por ser joven, por vivir de alquiler? en resumen, por educar en la cultura del poco esfuerzo, creando un país de vagos, fidelizando una clientela para la administración pública.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Unos lo hacen por incompetencia y otros por desvergüenza, pero en ambos casos la actitud es de torpeza, permitiendo, a cambio de la guinda del pastel electoral, que cada cacique de pueblo haga su negocio en su territorio, ajenos unos a las marañas de los otros, y siempre con efectos devastadores para el sentido común. Lo que cuenta es seguir empleados en esta Arcadia feliz llamada España, donde la práctica de la política, en muchos casos y tirando de hemerotecas, se reduce a seguir cobrando un buen sueldo, trincando subvenciones de los fondos europeos y empleando a los amigos de asesores, como forma de garantizar su discreción y fidelidad, al menos mientras se les alimente. De las comisiones, mejor ni mentarlas.

No se investigan los gobiernos largos, ininterrumpidos, sobre todo en los feudos donde la cultura roza el subdesarrollo. No hay reacciones oficiales al retraso histórico, al anacronismo, a la falta de interés por comprender el mundo, al hecho constatado de la existencia de jóvenes en situación de riesgo, al absentismo escolar y al bajo rendimiento de un alumnado cuya práctica del análisis inteligente de las cosas se reduce a chatear en Internet. ¡Vaya futuro nos espera!, estamos alimentando a una sociedad de mediocres y dando paso a una generación de personas culturalmente planas.

A la pregunta de: ¿en qué te gustaría trabajar?, los jóvenes en su mayoría responden que: cantantes, bailarines, tener una oportunidad en alguno de los programas de televisión que buscan talentos, ser empresarios o dedicarse a la política. En otras palabras, aspiran a ganar dinero de manera fácil, con la cultura del mínimo esfuerzo, imitando los patrones de conducta de parte de la pléyade del gobierno, mimetizando pautas en una sociedad en la que el poder judicial aparentemente se siente maniatado y presionado por el poder ejecutivo, y amparada por un poder legislativo que aún no ha reglado la necesidad de que los voceros políticos tengan una preparación acorde a las responsabilidades que asumen. Generalizar no es bueno y, afortunadamente, hay excepciones, pero dejas el arado y eres concejal de agricultura; pides excedencia en la empresa de seguridad y te conviertes en responsable de policía; eres relaciones públicas en la empresa privada y pasas a ser... Hay una fórmula que a estos mediocres no les falla: un poco de suerte electoral, una dosis de soberbia, una pizca de prepotencia, un par de funcionarios con alguna idea, aparentar que se está desbordado, condimentar con una sonrisa y añadir besos al aire, para que la nómina entre a final de mes.

Hace falta más cultura en la sociedad en general, palabra que se escribe con "l" ya que no es lo mismo ser culto que cultor, ni cultural que culturar. ¡Seguro que más de un responsable municipal de cultura va a buscar de inmediato un diccionario!, sobre todo porque ya se sabe que "es más peligroso un imbécil que un malvado".

* Titulada superior universitaria en Relaciones Institucionales y Protocolo

 

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