LES HA FALTADO tiempo a Juan Fernando López Aguilar y a Marián Franquet, esta última secretaria de Igualdad de los socialistas canarios, para arremeter contra el PP a raíz de la sentencia sobre la lista de mujeres conservadoras -sólo mujeres- presentada en Garachico durante las pasadas elecciones municipales. De forma específica, acusan a los populares de utilizar a las mujeres como cobayas -es decir, ratas de laboratorio; un lenguaje muy cuidado el de los progres con buen rollito- en su intento por lograr que el Tribunal Constitucional rechazase la llamada Ley de Igualdad y, en consecuencia, resultara admisible una candidatura formada únicamente por féminas. O por hombres, si ese fuese el caso. Cierto que el asunto no parece cerrado, pues el PP amenaza con recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Que tenga suerte.
Desde luego, no le falta razón a López Aguilar cuando dice que un experimento -provocativo experimento, cabe precisar- de este tipo lo hace el PP en un municipio donde sus perspectivas electorales son mínimas. En Santa Cruz, Las Palmas o cualquier otra localidad importante del Archipiélago, jamás. Con las cosas que dan de comer no se juega. Una lista formada sólo por, ¿cómo debo llamarlo sin ser objeto de una contundente denuncia por machista?, ¿el sexo débil?, ¿acaso el sexo bello? -Dios santo, si ya tengo miedo hasta de mirar a una mujer cuando voy por la calle- sólo se le ocurre a Cristina Tavío o a alguno de su entorno. En lenguaje vulgar y cotidiano, una chorrada.
Si se hubiera quedado en este punto, López Aguilar habría pasado a la historia al expresar, por primera vez en mucho tiempo, una crítica sensata sin babear odio hacia el adversario. Lo ha vuelto a perder, una vez más, su incontinencia verbal. No se puede manifestar, a estas alturas, que un partido político, sea el que sea, desprecia a las mujeres. Y, de forma concreta, el PP. Me resultaría insuficiente no ya el espacio de este folio, sino el de muchos más, para enumerar la lista de mujeres que ostentan cargos de importancia en dicha formación política. De forma concreta, no conozco a ningún "macho" capaz de toserle a Esperanza Aguirre. A la vista está tras lo ocurrido no hace mucho con el todopoderoso alcalde madrileño. Y sin necesidad de ir tan lejos, a la también mencionada Cristina Tavío son pocos los varones que le llevan la contraria. Lástima que a ese carácter recio -adecuadamente recio, debo añadir- no lo acompañe el intelecto político de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Podría seguir con muchísimos ejemplos más, pero sería redundar en lo obvio.
No tienen razón, por lo tanto, ni López Aguilar, ni Marián Franquet ni Maribel Montaño, secretaria federal de Igualdad del PSOE, que también ha terciado en el asunto. Afirmar, como lo ha hecho Montaño, que "el machismo latente del PP" ha salido derrotado con esta sentencia del Tribunal Constitucional no resulta admisible ni siquiera en época electoral. Período de tiempo en el que las tropelías verbales están a la orden del día. Vaya por delante que no tenemos la derecha más moderna de Europa. Pero esa lacra para la sociedad española va unida a la existencia de una izquierda trasnochadamente marxista e incapaz de superar un discurso decimonónico.
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