EL DIPUTADO socialista Santiago Pérez arremete de nuevo contra este periódico. A falta de mejores argumentos para rebatir a quienes le dejan en evidencia, carga contra el mensajero, que lo único que hace es servir de canal para que el mensaje llegue al público. Vamos, lo que es el periodismo. Dice don Santiago que EL DÍA "impone la censura" y suponemos que, dicho en el contexto en que lo hace, se refiere al "caso Las Teresitas". Por lo visto, no es de su gusto que informemos exclusivamente de lo que está comprobado; de lo que dice la parte del sumario sobre la que se ha levantado el secreto del sumario y, en suma, que no nos sumemos a ese ataque de lobos que han emprendido otros medios que huelen -o creen oler- la sangre de la presa herida. Tiene don Santiago, aparte de su capacidad de percepción distorsionada, bastante mala memoria. Menos mal que están las hemerotecas para comprobar que este periódico ha venido informando con rigor, y, antes de que el caso llegara a los tribunales, de cuantos hechos nos parecían relevantes y teníamos comprobados. Otros no lo han hecho así, pero sí dieron como primicia lo que aquí ya se había publicado, y alguno se ha sumado a última hora a repasar lo ya sabido con tal de montar una operación de falso periodismo de investigación. Pero, fíjense los lectores en la siguiente frase del diputado socialista, donde lo textual se entrecomilla, y entenderán qué es para él la verdad: lo que se conoce del caso Las Teresitas "es tan rotundo" que "eleva la gravedad del hecho hasta una auténtica concertación para delinquir". Esto es lo que se llama pasarse la presunción de inocencia por el arco de triunfo y tener el veredicto antes de celebrarse juicio. Menudo ejemplo viniendo de un profesor de la Facultad de Derecho.
En fin, ¿quién es Santiago Pérez en el concierto de la política canaria y tinerfeña? Sin duda, una figura bastante conocida, pero ¿se le recuerda algún logro, algún beneficio claro conseguido para su tierra y para quienes le votan? Difícil es recordar alguno. En cambio, de broncas, crispación, amenazas, pleitos y declaraciones explosivas, todo lo que se pueda imaginar. Qué diferencia de talante la de este diputado socialista y aquellos que le precedieron en Tenerife en la Transición; aquellos que tomaron a EL DÍA como el trampolín para sacar su partido de las catacumbas sociales y elevarlo hasta el Parlamento canario... Aquellos sí sabían apreciar el papel de la prensa como soporte del debate; ahora su compañero Santiago Pérez olvida esa parte; para él no cuenta que su partido y él mismo aparezcan en estas páginas a diario dando cuenta de la actividad que, buena o mala, desarrollan. A él sólo le vale que EL DÍA diga lo que él quiere oír, su verdad, no la verdad. Y si no lo hacemos, según el catecismo de don Santiago, ya no somos demócratas. Qué soberbia tan absurda.
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