EL DÍA, S/C. de Tenerife
Miles de personas, fieles a la cita con la que es su fiesta por antonomasia, volvieron a conquistar ayer las calles de la ciudad y tiñeron la noche de Santa Cruz con el color y la explosión de alegría del Carnaval.
La Cabalgata Anunciadora se convirtió en un crisol de gentes ansiosas por recuperar el tiempo perdido y desquitarse del amargo sabor de boca que representó aquel infausto año 2007, con el bailaor y la amenaza del silencio por los ruidos. Así, tras la marcha que abría la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá, con el maestro Enrique González Bethencourt al frente, la marea humana fue recorriendo, con cierta lentitud, pero con una ilusión desbordante, las principales vías de la capital tinerfeña.
Cada una de las aspirantes al cetro de Reina del Carnaval, y no sólo la soberana y sus cuatro Damas de honor, dispusieron esta vez de su propia carroza y de la posibilidad de mostrar toda la belleza de sus fantasías, un detalle valorado por un público entregado que se concentró en las aceras ya desde primeras horas de la tarde.
Una vez más, el carácter popular del Carnaval de Santa Cruz se pone de relieve por la alta participación, tanto la oficial como la espontánea, que ayer convocó bajo un mismo propósito, el de disfrutar con alegría, a mascaritas, coches engalanados, comparsas, rondallas, murgas, agrupaciones coreográficas, grupos de disfraces...
Al término de la Cabalgata, y tras la explosión de los fuegos artificiales, comenzaba la fiesta en la calle, el júbilo, y se escuchaban los sones del primero de los grandes conciertos de este año, al ritmo que marcaba Xiomara Laugart, esa voz a la que se considera "la nueva Celia Cruz".
Esta noche, las calles de Santa Cruz de Tenerife volverán a vivir su segunda e intensa gran noche de Carnaval y, de nuevo, miles de personas ocuparán las calles de la ciudad hasta el amanecer.
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