UN SEGUNDO DIPUTADO kenyano de la oposición fue asesinado ayer y mientras su grupo considera que se trata de un asesinato político la versión oficial lo presenta como acto delictivo de índole privada: un policía de tráfico disparó sobre David Kimutai a causa de una trifulca particular. Además de la perplejidad que suscita la explicación oficial, hay que anotar que el hecho se produjo cuando el legislador del Movimiento Democrático Naranja, del opositor Raila Odinga, se dirigía al valle del Rift, el antiguo paraíso turístico de Kenya hoy presa de la convulsión que empezó en Nairobi tras el fraude electoral del 27 de diciembre.
El homicidio es un desastre porque coincide con algunos indicios de que el comité de seis sabios inspirado y presidido por Kofi Annan, antiguo secretario general de la ONU que aceptó dejar su merecido retiro para encabezar una mediación, parecía dar resultados. La violencia empezaba a ceder y en las filas del oficialismo se anotaban posiciones flexibles y el acercamiento a un desenlace pactado.
Tal desenlace pasaría, en la imposibilidad de repetir las elecciones con la misma y corrupta autoridad electoral, por acortar fuertemente el mandato de Kibaki, formar un gobierno de unión nacional bipartidario y con algunos tecnócratas y sanear todo el mecanismo electoral para celebrar nuevos comicios en menos de dos años.
La "cumbre" de la Unión Africana, reunida por azares del calendario en Addis Abeba (Etiopía) se ocupa prioritariamente del conflicto y respalda el criterio del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien, sin decirlo expresamente, parece vinculado a la gestión de su predecesor Kofi Annan: una fórmula que pueda ser presentada como un empate técnico, pero garantice a la oposición la victoria que muy probablemente se le robó en diciembre pasado.
La UA y la ONU acaban de poner en marcha el despliegue, con soldados y logística de Europa, principalmente Francia, para las crisis cercanas de Darfur y la República Centro-africana, pero una solución tan compleja no es de aplicación a Kenya, un país cuyo conflicto central, bien diagnosticado y que remite a una solución interna y política es la pesada hegemonía de la etnia kikuyu desde la independencia y el monopolio de hecho sobre los resortes del poder en el país.
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