1.- Una gran parte de la biblioteca familiar, incluso volúmenes de mi bisabuelo, todos los de mi abuelo y los de mi padre, y naturalmente los míos, han acabado a mi lado, quizá porque nadie los reclamó jamás. Ahora ocupan las estanterías de La Orotava, El Hierro y Madrid y todo el mundo dice que en donde vivo no cabe nada, que done los libros a un centro público. Yo no quiero, prefiero que sean mis hijas las que hagan con la biblioteca lo que quieran, porque pienso disfrutarla unos años más. No sé cuántos, pero espero que algunos con la mente lúcida. Con 38 años casi de profesión han caído del cielo y del bolsillo muchos volúmenes. Y mi archivo, que no cederé sino que venderé un día, tiene más de 30.000 fotos, entre las cuales está la mejor colección de postales antiguas de Tenerife que puedan ustedes imaginar. En fin, que me he pasado la vida coleccionando cosas: libros, fotos, plumas y bolígrafos, relojes. De todo. Y sellos.
2 .- Este afán mío por el coleccionismo no lo heredé de nadie, si bien mi abuelo Domingo Sotomayor coleccionaba sellos, que cuando yo los fui a vender me dijeron que no valían nada. Le pregunté a un filatélico amigo y me dijo que los sellos no eran negocio, sino ahorro. Otra forma de ahorrar. Algunos coleccionan coches viejos y a mí me encantan también. Poco antes de escribir este artículo me llama un amigo de Venezuela para decirme: "Voy a comprar un Ferrari de segunda mano, pero nuevecito; lo voy a poner en Tenerife y tú me lo cuidas". Di un salto de alegría. No me hacía falta sino un Ferrari para completar el ciclo de la envidia que he iniciado yo solo y yo solo acabaré.
3 . - Si me preguntan por el libro que más he leído de mi biblioteca tengo que contestar que las obras completas de Azorín , encuadernadas en piel, de la editorial Aguilar. Me las regaló mi abuelo. Yo leía a Azorín y a Díaz-Cañabate , cronista taurino, y a Anson , en ABC. Después de los libros de José Martínez Ruiz, la Historia de España, de Pierre Vilar , absolutamente genial. Y luego todo lo de García Márquez , incluso la historia de un niño al que mordió un perro y las peripecias de su familia para encontrar la vacuna; y que llegara a tiempo. El niño resultó ser tinerfeño, hoy es arquitecto y felizmente puede contarlo. Qué cosas, ¿no? Me bastó una llamada en la radio para encontrarlo.
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