Sindicalismo enseñante: historia de un engaño
Hace trece años, cuando empecé a ejercer como profesor de Secundaria, una de las cosas que más me sorprendió fue la actitud de los sindicalistas cuando acudían a los centros: irrumpían en la sala de profesores con estrépito y, tras dar sonoras palmadas, nos "solicitaban" (por utilizar un eufemismo) nuestra atención para informarnos de los últimos atropellos de la Consejería y para recordarnos cuáles eran nuestros derechos. Ahora, sin embargo, entran de puntillas en la sala de profesores cuando la mayoría nos encontramos en las aulas impartiendo clases, cuelgan en el tablón sus comunicados y, mientras abandonan el centro a hurtadillas, rezan para que nadie les haga una pregunta cuya respuesta no suelen conocer, y que cuestionaría su trabajo y -sobre todo- el por qué de su liberación. Podría, además, nombrar muchos casos de representantes sindicales que han ido saltando de un sindicato a otro, o de aquéllos que han "heredado" el cargo, pero no es esa mi intención.
En mi opinión, lo más sano sería que un representante sindical permaneciera liberado como máximo cuatro años, y que luego se reincorporase a su plaza, a ejercer nuevamente como docente para no olvidar la realidad escolar y sus problemas, tal y como parece ocurrirles a esos que se autoproclaman nuestros representantes. Luego, cuando volviera a su actividad sindical, lo haría con las ideas calentitas y las ganas de mejorar nuestra (que es la suya, pese a que se empeñe en olvidarlo) situación. Lamentablemente, no lo hacen y permanecen hasta su jubilación como delegados sindicales, comportándose como auténticos políticos, que sólo luchan por sus propios intereses y el protagonismo de su sindicato-partido, renunciando a la defensa del colectivo al que supuestamente representan y firmando un preacuerdo que siembra la división y nos presenta como míseros peseteros, además de hacernos responsables del fracaso escolar, tal y como hizo nuestra consejera hace un par de meses (y ante lo que ninguno de los sindicatos firmantes ha exigido una rectificación pública).
Los sindicatos de la enseñanza, esos que una y otra vez nos dan muestras de sus luchas fratricidas y de su poca vergüenza, lamentablemente gozan de impunidad, y pese a no sentirnos representados por ellos (de ahí que se constituyeran las asambleas de profesores), es sólo con ellos con los que la Consejería de Educación se sienta a negociar, no con todos, por supuesto, sólo con aquellos que ante una propina pierden la conciencia y olvidan la inicial reivindicación de la homologación sin contrapartidas, una reivindicación tan justa y tan unánime que por primera vez nos unió como colectivo y que obligó a las formaciones sindicales a fingir que ellas también lo estaban, hasta que decidieron darse golpes para ser los primeros en firmar el "maravilloso" preacuerdo y aparecer en la foto mientras devoraban las migajas obtenidas.
Tomás Jorge Pérez
(Los Realejos)
Reencarnaciones funestas
Tengo entendido que, según algunas teorías de la reencarnación -metempsicosis se llama también esta trasmigración de las almas a otros cuerpos vivos tras la muerte-, éstas se instalan en cuerpos más perfectos, según los merecimientos acumulados en la vida anterior Esto permite suponer, y de hecho así parecer ser, que el caso contrario es asimismo válido.
Cuando los merecimientos en esta vida resultan más bien escasos, dicen los seguidores de estas categorías filosóficas que son reservados cuerpos imperfectos: sabandijas y otras miserias de la fauna hipogea. En resumen, que a quien se porta mal lo hacen reaparecer los demiurgos que rigen tan extraño mundo en formas más o menos repugnantes. No obstante, y en un exceso de crueldad refinada, a veces, y en casos muy excepcionales, recurren éstos, no a formas zoomorfas, sino a entes de una más elaborada abyección, reencarnando a los réprobos bajo la forma de algunos de los tiranos o dictadores más notorios de la Historia, de los cuales fue tan abundoso el pasado siglo, equivalentes modernos del diluvio universal o las siete plagas de Egipto. Me pregunto qué terribles pecados habrían cometido quienes se vieron agraciados con la égida de tales "protectores".
Estas lacras sociales, en muchos casos auténticos patanes, encabezaron y encabezan regímenes tan crueles como dilapidadores de vidas y haciendas en beneficio propio y del de sus sayones. Se trata, en una palabra, de auténticos oprobios de la especie humana. Será tal vez por esa posible reencarnación ínfima -las de la clase bípeda son de difícil, cuando no imposible, erradicación; algunos necesitaron de toda una guerra mundial- que no pueda uno evitar un cierto atisbo de escrúpulo cuando se dispone a aplicar insecticidas del hogar contra cucarachas y similares. Quién sabe si estará uno exterminando, sin saberlo, a algún pistolero famoso del far-west, algún satrapilla de medio pelo o algún Iván el Terrible, con cuantiosas víctimas en su haber. En todo caso, les aseguro que tal escrúpulo, sin duda políticamente incorrecto, apenas dura una fracción de segundo.
J. Lavín Alonso
Aprendiz de bombero peleón
Realmente estos pibes que se manifiestan no son bomberos pero han conseguido tal denominación, curioso. Son opositores, como miles de personas que optan todos los años a un puesto en lo público. Dicen que no les gusta manifestarse... pero no paran.
Y digo yo, si ya la Justicia les ha dado la razón y hay que repetir su evaluación psicológica, ¿por qué siguen dando caña a diestro y siniestro? A lo mejor no iba desencaminado el diagnóstico. Si éstos llegan a bomberos seguiremos con las huelgas y reivindicaciones, en fin.
Y los sindicatos de bomberos, ¿qué dicen?
Pablo Gutiérrez Trujillo
(Santa Cruz de Tenerife)
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