PIENSO que en la sociedad actual -que para mí es la mejor, porque no conozco otra, a no ser por referencias- hay una superabundancia de normas legales: leyes, decretos, órdenes ministeriales... A uno no le resulta nada fácil saber a qué tiene derecho o cuáles son los derechos de cada cual. Inquieta y abruma a muchas personas "la normativa legal vigente". No se trata de ir por la vida con el Aranzadi, que es pesado hasta para los de Derecho. Es posible que se puede meter en una de esas agendas electrónicas e, incluso, en el móvil; pero, aún así, es una obligación más y un lío para andar por la vida. La vida está para vivirla y dejarse de pleitos.
Sin embargo, la mayoría de las veces, los ciudadanos nos olvidamos de cumplir nuestros deberes cívicos, cosa que en España es muy típica, salvo el de contribuir al Estado o a la comunidad respectiva, porque en seguida lo recuerdan los de Hacienda, que con la misma diligencia deberían realizar la devoluciones pertinentes.
Hay un deber personal, familiar y social que, a mi modo de ver, debiera ser de inexcusable cumplimiento: el deber de divertirse y pasarlo lo mejor que se pueda? "con sentido", decía mi abuelo Domingo. Cuántos problemas se solucionarían en el trabajo, en la oficina o con la familia, con el marido o con la mujer, si de vez en cuanto nos distanciásemos de todo aquello que nos preocupa, agobia o irrita y nos fuéramos a nadar, al monte o a bailar. "El baile tiene un excelente valor psicohigiénico", dice el psiquiatra y sacerdote, allá en Austria, don Joan Baptista Torelló, aunque habría cosas que puntualizar. Lo esencial es que, en ocasiones y con cierta regularidad, hay que desconectarse y desconectar la televisión, el ordenador, la "play-station" o los "cascos" de la mp4.
Parafraseando al profesor Gerardo Trujillo -filósofo-, diversión, di-vertirse, suena a verterse o volcarse, salir en cierta manera de uno mismo. Si uno sale y se pierde, está perdido, pero si sale bien pertrechado o emparejado, con dominio de la situación, conseguirá un encuentro más gozoso consigo mismo y con el otro o la otra. Sobre todo si uno se pierde con su mujer, con los hijos pequeños -los mayores quieren ir por libre-, con unos amigos. Porque la mejor diversión es la compartida con los demás, ya que la alegría es expansiva. Es difícil divertirse solo. Porque reírse solo debe de ser muy aburrido y además toman a uno por "ido" o que está bebido. Es mejor pasarlo bien en compañía y reírse "con" y no "de".
Estos días, con motivo de las fiestas del Carnaval, se nos presenta una oportunidad fenomenal para ello. En todo el Archipiélago -o comunidad autónoma- hay carnavales, en todas las islas, cada una con su estilo y con su encanto. Pero es sabido y aceptado por todos, que para carnavales, "carnavales", para disfrutar y divertirse: Santa Cruz de Tenerife. Por mucho que les pese a los de Cádiz y a mis nietos y nietas, que son canariones.
Yo no soy muy carnavalero, en esto no he salido a mi padre. A mi mujer los carnavales le encantan y entonces no me queda otro remedio que salir con ella. Entre otras cosas, porque salir con ella cada vez me gusta más, y los dos juntos lo pasamos mejor. Por lo que aprovecho, todos los años, para ver el ambiente del carnaval santacrucero, chicharrero, que cada año es más sorprendente e incomparable. No soy carnavalero, pero admiro y aprecio muchísimo a todos aquellos que se ocupan y preocupan para que la gente en Carnaval se lo pase bien. Intuyo y valoro las horas de ensayo que hay detrás de cualquier tipo de actuación, puesto que todas son de un excelente nivel o extraordinaria calidad Pero lo que más me divierte y entusiasma es el tradicional ambiente carnavalero de la calle, lleno de gracia, alegría y buen humor. Es una fiesta que, si se disfruta con sana alegría, seduce, cautiva y se pasa bien
Hay murgas que, si no dan mucho la "murga", son divertidas, sobre todo por sus letras generalmente inteligentes y sus críticas siempre acertadas; ahora más con el encanto de las murgas femeninas. Las comparsas son un espectáculo nada fácil de poner en escena por su ritmo, color y armonía. Es apasionante verlas desfilar por la avenida de Anaga. Las mascaritas son algo entrañable, porque pueden ser desde el vecino de enfrente al dentista que te extrajo el último cordal, y "bacilan" a uno que es una maravilla. Después está la actuación de Los Fregolinos, la zarzuela del Círculo XII de Enero y el concurso y actuación de las rondallas, que para mí y desde siempre, con lo que me gusta la música, son palabras mayores.
Se habla de la erotización del Carnaval santacrucero, del consumo masivo de droga, de altercados, peleas, y hasta del sida. Eso es según la hora y por donde uno salga. La mayoría de estos incidentes son provocados por gente que no es de aquí. Ese no es el carnaval chicharrero, eso es otra cosa. El Carnaval de Santa Cruz es para disfrutar, sin ofender a nadie, pasarlo bien de manera sana, alegre y simpática. Divertirse "con sentido" y sin perderse. Y a la vez, para recobrar fuerzas y el entusiasmo y así trabajar relajado el resto de año.
* Orientador Familiar
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