Basándome en el libro editado por la Cátedra Cultural General Gutiérrez, y el Centro de Historia y Cultura Militar del Mando de Canarias "Canarias en la II Guerra Mundial, capitán general García-Escámez", D. Francisco García Escámez e Iniesta (FGE) nació en Cádiz el 1 de marzo de 1893, hijo del alférez de Infantería, Francisco García Iniesta, natural de Albacete, y de Josefa Escámez Albiag, de Vejer de la Frontera (Cádiz). FGE ingresó en la Academia de Infantería a los 16 años. Cuando terminó con 21 años y el grado de teniente de Infantería, marchó con su batallón a Larache (Norte de África) dando comienzo a su brillante carrera militar. Los ascensos y condecoraciones se sucedieron continuamente. A los 29 años ascendió a comandante por méritos de guerra (su padre había tenido, igualmente, tres ascensos por méritos de guerra), y ya tenía once condecoraciones militares. En enero de 1923 fue destinado a Tarragona y en diciembre de ese año fue designado delegado gubernativo de Moguer (Huelva), compaginando de esta manera su carrera militar con otras actividades, dadas sus dotes para todo tipo de actuaciones. En 1924 contrajo matrimonio con Isabel García-Ramos de la Corte, natural de Huelva. Tuvieron tres hijos: Francisco (del que ya hemos hablado), Carmela y Antonio. Este último se licenció en Ciencias Químicas, contrajo matrimonio con la tinerfeña Margarita del Hoyo y fijó su residencia en esta isla, donde es muy apreciado y conocido.
El general García Escámez permaneció en Moguer hasta abril de 1925, en que fue destinado a Vigo. Siendo un hombre de acción, solicitó volver a Marruecos y en mayo estaba con la Legión en Melilla. Por estas fechas participó en el desembarco de Alhucemas (8-IX-1925). En estos años, en plena guerra de África por la rebelión de Abd-el-Krim, la posición de Cudia Tahar (Tetuán) fue cercada y atacada violentamente por las harcas rebeldes, reduciendo la guarnición española de 161 hombres a sólo el 50%, y resultando inútiles todos los esfuerzos que se hicieron para socorrerlos. El 9 de septiembre se envió para liberarla a la unidad del comandante García Escámez, quien pidió voluntarios, y en número de 25, y bajo su mando, cargaron a la bayoneta sobre las posiciones de Dar Gas próximas a la misma, tomándolas al día siguiente, avanzanzando hacia Cudia Tahar, y ayudando a su liberación. Cinco años después, el Rey le imponía en Barcelona, por aquella acción, la más importante condecoración española en tiempo de guerra, la Cruz Laureada de San Fernando. En 1926 fue promovido a teniente coronel por méritos de guerra. Finalizada la guerra de África, pasó a mandar un batallón en Ciudad Rodrigo y en octubre fue destinado a Barcelona, participando en la represión de la sublevación de Jaca contra la monarquía, volviendo a Barcelona hasta 1929. En 1934 pasó a ejercer el mando de la 2ª Legión, y en 1935 fue destinado a Oviedo, hasta que finalizó la revolución de Asturias, prólogo, -junto al asesinato de Calvo Sotelo y la situación caótica en toda España con la quema de iglesias, desórdenes callejeros de todo orden y el asesinato de miembros de la Iglesia- de la guerra civil iniciada el 18 de julio de 1936. En enero de ese año, el coronel García Escámez pasó destinado a Pamplona, de donde fue destinado a Marruecos-Andalucía por el general Mola, regresando posteriormente a Pamplona, donde tomó el mando de una columna.
No voy a extenderme en el papel desarrollado por FGE en la guerra civil que, por supuesto, fue extraordinario, ocupando en varias ocasiones mandos de superior categoría a su empleo, pues realmente trataba de mostrarles cómo el Mando Económico hizo frente a la situación desesperada en las Islas, y el espacio se acaba. Por su actuación en Somosierra obtuvo una Medalla Militar Individual, la segunda condecoración en importancia después de la Laureada, y posteriormente se le concedió, a título póstumo, el Marquesado de Somosierra. El 7 de mayo de 1938 ascendió a general de brigada. Después de haber participado como jefe en una misión militar española en Italia, el 29 de agosto de 1939 fue nombrado gobernador militar de Barcelona, donde dejó profunda huella por su labor conciliadora. El 27 de septiembre de 1940 fue nombrado gobernador militar de Gran Canaria; en 1942, en una reunión con el jefe de la Flota de EE.UU., lo convenció de que un desembarco en las Canarias, además de complicado, sería una pérdida de tiempo, evitando así la citada invasión. Fue nombrado hijo adoptivo de Las Palmas de G.C. por la gran labor desarrollada en la ciudad. Como gobernador de Las Palmas, era el segundo jefe del Mando Económico de Canarias, cuyo mando ostentaba entonces el capitán general D. Ricardo Serrador Santes, que falleció en 1943. Al ascender FGE en 1941 a general de división, fue destinado a Sevilla, de donde regresó en 1943 para hacerse cargo de la Capitanía General y, por consiguiente, del Mando Económico (M.E.), falleciendo en 1951, y estando enterrado en la iglesia de San Fernando, en una de las barriadas que él mandó construir, la de Somosierra.
De una manera muy general, los principales problemas en las Islas eran: el enorme aumento del paro ante la paralización de los distintos sectores de producción, primarios, secundarios y terciarios; la escasez de suministros de todo tipo, y los problemas económicos y financieros. Ante estos problemas, el M.E. reactiva la construcción de viviendas, carreteras, puertos, presas, canalizaciones de agua y todo tipo de obras públicas e hidráulicas. Así mismo, crea y construye instalaciones públicas como mercados, escuelas, la Universidad de La Laguna; hoteles como el Mencey y el Santa Catalina; paradores como el de Izaña y el de Tejeda; obras religiosas, como las iglesias de San José, cementerios; obras sanitarias y de beneficiencia; hospitales, edificios para la Cruz Roja; hizo llegar el suministro eléctrico a todos los pueblos de las Islas, etc.
Para controlar y organizar todas estas actividades creó un organismo formado por unos delegados en cada Isla y un número determinado de funcionarios, en su mayor parte militares, para ahorrar gastos pues sus emolumentos los pagaba el Ministerio de Defensa o del Ejército, como se denominaba entonces. Se creó igualmente una comisión para reorganizar la política de abastecimientos, estudiando todas las necesidades de cada isla. Se potenció la agricultura, aumentando la producción y estimulando la aparición de nuevos productos; se importaron abonos y se favoreció la exportación de los productos y su transporte. Se procedió a un reparto controlado del agua y los abonos, controlándose igualmente los precios, permitiéndose la entrada de sobrantes de "gambuza" (cambullón) de los pocos barcos que podían entrar. Se subvencionaron los productos de primera necesidad. Ante la carestía de combustibles y de repuestos, se favoreció el cabotaje, llegándose a utilizar vehículos militares para realizar los transportes. Se creó un Consorcio de Almacenistas para resolver los problemas de suministro. Se lograron cupos especiales de abastecimientos de tejidos procedentes de la Península. Se importaron importantes cantidades de tabaco, a pesar de la carestía de divisas para la industria de las Islas, evitando su paralización y el paro consiguiente. Todo esto y mucho más, prolijo de exponer, se logró gravando con pequeñas cantidades artículos, en ningún caso de primera necesidad, como alcoholes, gasolinas, tabaco o café, reajustando el valor de los fletes importados, redondeando los precios de la Comisaria de Abastecimientos y nunca los de primera necesidad, llegando a manejar unos 100 millones de pesetas. En otra ocasión se expondrá con más detalle.
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