AUNQUE alguien me critique por ello, confieso con reiteración que las cartas al director publicadas por cualquier periódico me inspiran buenas ideas. Cierto que algunas de ellas son, o bien directamente impertinencias, o bien el lamento del cornudo, entendido éste en el sentido de la expresión. Es decir, sin connotación sexual alguna. Me quedo, empero, con unas pocas de tales cartas que son una joya. Verbigracia, la publicada ayer por este periódico sobre la situación del PP en el Puerto de la Cruz.
Una y mil veces me he propuesto no escribir ni una sola línea sobre mi pueblo -mal que le pese a un bufón de estos alrededores, soy del Puerto de la Cruz-, y una y mil veces he conculcado mis propósitos. En realidad a estas alturas ya me da igual que Lola Padrón y Eva Navarro -inepta la una, incalificable la otra- se estén cargando al alimón lo que queda de la otrora esplendorosa ciudad turística. O no me da igual, porque nadie puede ser insensible a tales despropósitos, pero tampoco está en mi mano hacer algo eficaz para remediarlo. Si comento la carta de Julián García -el molesto lector- es simplemente por lo que tiene de clarificadora para la situación general de los partidos. Lamenta García que, debido a los quehaceres de Eva Navarro, el PP esté desapareciendo en el Puerto. Como si eso le importara a la señora Navarro, a su bien pagada secretaria de Majadahonda, a la presidenta insular Cristina Tavío, al presidente regional José Manuel Soria y, dando el paso al límite, al presidente nacional Mariano Rajoy. Para nada, don Julián. Lo que le interesa a quienes están en los partidos es su futuro personal. A la vista está lo que ha ocurrido con Gallardón.
Desconozco -más aún: no creo que nadie pueda saberlo con certeza en estos momentos- si finalmente Hillary Clinton será la primera presidenta de Estados Unidos. Pienso que se lo merece. No sólo por su preparación, sino por el estoicismo con que aguantó las pendencias de su marido. En cualquier caso, si al final lo consigue, lo habrá ganado a pulso. Los gringos, que son tontos pero llegaron a la Luna hace casi cuarenta años, no le dan demasiadas facilidades a cualquiera para que se siente en el Despacho Oval.
Sí podemos decir, en cambio, que Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, conocida simplemente como Cristina Kirchner, ha pasado de primera dama a presidenta sin etapas intermedias. Lejos de mi intención desacreditar los méritos intelectuales de la mandataria argentina, pues gran parte de la carrera política de su marido ha estado basada en su gestión. El "pero" está en el procedimiento; en la forma de traspasar una presidencia como quien redacta testamento para que sus allegados hereden una propiedad. ¿Les suena a algo? A mí, sí. Siempre que pienso en herencias, me viene a la cabeza el dedo de Aznar ungiendo por sí, y ante sí, a Mariano Rajoy como sucesor. Acaso los hispanos, y por extensión los latinos en general, estemos genéticamente condenados a estas prácticas. Acaso también por eso Argentina -un país con ingentes recursos naturales- roce la indigencia, mientras Estados Unidos está donde está. Y ante estas colosales fuerzas de la política planetaria, comprenderá usted, estimado Julián, que es desbarajuste portuense sólo es una anécdota.
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