EN DOS de las cosas en que más chocan los extranjeros con los españoles y en las que casi nunca llegan a entenderse son: el cambio climático y el cambio horario. Les han hablado tanto a los hispanos, pero en inglés -sin llegar a entenderse- del cambio climático, que para éstos sin más es como cambiar una nevera por un calentador. Pero los cambios horarios ya son otra cosa. No saben nunca los nuestros cuál es la hora real o cuál la oficial o impuesta por conveniencia. En resumen, un hispano no se entera nunca de cuándo un tema está "en forma y hora", es decir, a punto.
Un inglés me contaba que hace pocos días había concertado una cita con un profesional de aquí para las ocho de la mañana. "Pero a las ocho de la mañana en punto, y no me vaya a fallar", añadió.
Al día siguiente dieron las ocho, las ocho y media, las nueve y las nueve y media, y a esa hora exacta apareció el profesional citado.
-Pero, hombre- se le quejó. Me ha hecho perder hora y media no solo a mí, sino a un hombre que venía a asesorarme. ¿Qué seriedad es ésta?
-Ah, pero ¿es que usted no sabía que esto es así? Pues ya se irá enterando.
-Y lo del cambio climático, ¿cómo lo lleva? -le preguntó.
-No, conociendo ya lo del cambio horario, lo del climático lo someto a la misma regla de tres. Tampoco hago caso de nada. Lo tomo todo a la guachafita. Este no es un país serio. Aquí todo el mundo se mueve a su aire.
-Aquí, por ejemplo, le dicen a qué hora nos vemos mañana.
-Entre las 11 y la 1 le dicen, pero a la hora exacta, le advierten, con lo que no se encuentran nunca.
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