EL CHARCO de la Soga sigue revuelto. El desconcierto de la flora y fauna marinas parece no tener fondo en Martiánez y se aboca a sus abismos. La vida busca refugio en las tinieblas de la capa abisal en su huída de las cloacas solapadas de la superficie. Los estanques permanecen mudos, malolientes y huérfanos de peces rojos y de ranas bulliciosas y promiscuas.
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