JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Si bajamos a un plano futbolístico, por buscar un lenguaje universal, sería una especie de Ronaldihno del flamenco, un músico que, al igual que el "pelotero" brasileño, cuenta con varias legiones de seguidores en suelo japonés. Un guitarrista que destila una sensibilidad exquisita en cuanto mueve sus dedos y que hoy tiene una parada en Tenerife para revelar una primicia mundial. Juan Manuel Cañizares hará sonar, por primera vez en público, los acordes de "Como llora el viento", una pieza que tiene de especial la unión de dos estilos tan diferentes como el flamenco y el sinfónico.
-¿Ha quedado satisfecho con la estética musical de la obra que ofrecerá en el Auditorio?
-El maestro Mauricio Sotelo ha respetado los cánones del flamenco y las partes han encajado perfectamente. Personalmente, me siento cómodo con esta obra porque tiene un lenguaje asequible a la estética de la guitarra, que es algo que está bastante pegado al flamenco.
-Con la belleza que transmite la guitarra, ¿por qué no acaba de entrar en los esquemas de una orquesta sinfónica?
-La guitarra siempre ha sido marginada en las salas de conciertos, pero, sinceramente, pienso que a partir de ahora se le va a hacer más caso. Es un instrumento que acabará entrando en la estética sinfónica porque una orquesta no puede prescindir de algo tan hermoso.
-¿Habría cambiado su vida si no llega a ganar el Premio Nacional de Guitarra cuando usted sólo tenía 16 años?
-Creo que no, aunque sí es cierto que para mí fue una inyección de ilusión que me permitió continuar experimentando con la guitarra. El premio fue importante pero, si yo me hubiera quedado ahí, no habría tenido el margen de mejora y las vivencias que llegaron después.
-¿Qué tienen las cinco cuerdas que son capaces de hipnotizar a los japoneses?
-Saben valorar lo que allí no tienen y devoran el flamenco, tanto el musical como el bailado. Allí, el nivel cultural es elevado y esto se nota a la hora de ver el interés que ponen por descubrir los sonidos que salen de una guitarra.
-Alguna vez leí una frase suya en la que se quejaba, entre comillas, de la poca difusión que tiene el arte que usted hace en España.
-Se podría hacer algo más para su difusión. Siempre pongo como ejemplo a Japón, porque allí es probable que un niño de 12 años sepa leer perfectamente una partitura. Cuando viajas por el mundo, y te mueves en el círculo en el que yo me muevo, te das cuenta de que en España hay un retraso musical. En otras cosas de la vida no sé si estamos bien o mal, pero en el campo que yo conozco sí que no estamos al nivel deseado.
¿Con más de cien discos en su biografía, entendería que alguien no supiera a estas alturas en este país quién es Juan Manuel Cañizares?
-Hay gente que vive en su mundo y no le interesa nada de lo que pueda pasar a su alrededor. Grabar más de cien discos no te garantiza ser un músico conocido. Es triste, ¿no?
-¿La sombra de Paco de Lucía es tan alargada como dicen?
-Sin él, sería muy complicado llegar a comprender el arte flamenco.
-¿Qué aprendió a su lado?
-A conversar con la guitarra. En el flamenco hay una cadena de falsete, ritmo, falsete, ritmo, es decir, un A,B,A,B..., que se tiene que condensar en 15 minutos. Eso es muy, muy difícil de lograr. En una sinfonía, por su parte, puede existir una historia de hasta 30 minutos.
-¿Y junto a Camarón de la Isla o Enrique Morente?
-Puro flamenco, del bueno. Con ellos supe que era verdad el refrán que dice que a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
-¿Qué es lo más bonito que ha visto hacer con una guitarra?
-Ver gestos de emoción incrustados en los rostros del público; ver que lo que estás tocando es capaz de herir el alma. Me siento orgulloso de poder vender emociones.
-¿Y lo peor?
-Componer algo que no pueda ser escuchado, bien por desconocimiento o bien porque el material no tiene mercado. ¿Lo peor? Las horas que te quita la guitarra al día para llegar a comprenderla. Es una lucha física que yo, por ejemplo, trato de combatir con la natación.
-¿Goza de buena salud el flamenco?
-No es mala, aunque también es cierto que podía estar mejor. Aquí tenemos buenos tocadores, buenos bailadores, buen flamenco...
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