POR FIN LOREN. No se explican las promesas.
Loren llega a estas líneas porque obliga a repensar en la idea de cuántas personas caben en la vida de uno -vieja manía que adquirí con Berger-, y porque exige una vuelta a todos esos sentimientos que sobrevienen bajo un nombre propio. Es verdad que el carnaval, que todo lo ocupa, no da mucha tregua; que están Rajoy, el alcalde de Madrid y una comisaria europea que hizo una visita. También el hijo de Bin Laden -por la paz-, el siempre Rivero e incluso Pedro Guerra, que retorna con "Vidas" y que ama desde la lejanía a su tierra. Me quedo con Loren.
Todos tenemos a un Loren que vuelve. Y que trae y lleva a otros muchos, de diversos nombres y en una cadena interminable. Que es ahora amigo de quien es tu amigo. Que era-es el hermano de... primo de?que trabajaba en?y cuya casa hasta recuerdas, después de tanto, en una imagen, tan real, que sorprende ahora vislumbrar instantáneamente su detalle.
Julie Delpy, la actriz, guionista -a la que supongo harta de ser la heredera de la comedia de Woody Allen- y también directora de "Dos días en París", recrea, en un diálogo irrepetible de crónica ácida, las posibilidades remotas de encontrarse por esas avenidas capitalinas a los conocidos, con unas escenas en la que no paraba de saludar y de soportar las suspicacias de su pareja. Pienso, por esas mismas calles, en las circunstancias que dibujan ahora a Loren. Y veo miles de "loren". Y a cada uno lo convierto en la siempre amable persona conocida para su propio entorno; y que, fortuitamente, de repente está, y trae todos los recuerdos nunca hasta entonces compartidos, y que, sin embargo, son de muchos.
Loren es de esos conocidos que se añaden rápidamente a la lista del móvil; que aparece en un momento, supongo poco casual, en el que se consume, como una píldora salvadora, la individualidad, esa máxima que se construye para mantenerse al margen de la incertidumbre del entorno, según desprendo de uno de los aforismos con los que el físico Wagensberg hace digerir el mundo. Y Loren, que volvió, traído por esas canciones que interpreta con aquellos que se vuelven siendo mis amigos y conocidos de otros quienes?que caben en mi propia vida, y que son dueños de tantos recuerdos que compartimos, obliga a valorar, siguiendo al científico, que, sin embargo: "la incertidumbre del mundo es su más grande certidumbre".
Por fin Loren, no sabría explicar por qué.
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