Hay un ave que, en el tiempo en que los demás hacen su camada, prepara sus maletas antes de San Juan y realiza el viaje de regreso a tierras cálidas: el cuco. ¿Cómo puede hacer eso? Pues dejando sus huevos a otro pájaro. El cuco pone sus huevos en el nido de otro y sus crías son alimentadas por sus padres adoptivos, mientras los auténticos permanecen de vacaciones.
La hembra del cuco no construye ningún nido, ni cuida de sus crías, y pone sus huevos en los nidos ajenos. Dicen que el cuco es capaz de ser parásito ¡de cien especies diferentes!
Pero esa actitud no es de ningún modo casual; no piensen que deja sus huevos en cualquier sitio y de cualquier modo. El cuco lo tiene todo calculado. La hembra cuco empieza, con sus huevos ya fecundados, a vigilar las idas y venidas de los pájaros de alrededor. Salvo excepciones, cada hembra vigila la especie que fue su madrastra. Es decir, el cuco que creció en una familia de petirrojos suele vigilar las hembras petirrojo, y los nacidos entre alcaudones, las hembras alcaudones. Vigila más de un nido, y en cuanto el propietario del mismo lo abandona por un momento, el cuco entra, pone un huevo, y cogiendo otro del nido, huye rápidamente. Repite la misma acción unas 10-15 veces. Pero aún hay más, y es lo más maravilloso: en función de la especie que importuna, ¡el tamaño y color del huevo que pone varían! Pequeño y verde si pone en el nido del pájaro bisbita; rojo y algo mayor, en el del colirrojo; blanquísimo, en el del zarcero... El cuco es una de las aves más asombrosas, sin lugar a dudas.
A Alberto Ruiz Gallardón siempre lo he visto como ese huevo de cuco puesto en un nido ajeno. Ya me dirán ustedes en qué se parece a los Zaplana, Acebes, Aznar, Aguirre y compañía, por mucho nido que compartan. El todavía alcalde de Madrid es un hombre que ha conseguido varias mayorías absolutas para su partido. Un hombre con un claro perfil centrista. Un político que cuenta con el respeto de sus adversarios y que, en definitiva, podía representar mejor que nadie a esa derecha moderna que Mariano Rajoy no representa ni de lejos.
Gallardón tiene al enemigo en casa. En el PP todavía hay mucha gente que se sitúa en la derecha más extrema y a los que saca de quicio el talante centrista de don Alberto.
Prescindir de Gallardón no es sólo un gran error, sino una enorme estupidez, y sobre todo ahora que el señor Rajoy desfila en campaña con las ropas de la moderación. Han zanjado de un plumazo el eterno viaje al centro -si es que alguna vez lo hubo- con un: "media vuelta?, ¡ar!" del sargento chusquero Aznar y de la generala Aguirre (jugada maestra, José Mari? la parienta, de alcaldesa de la capital. Ni Maquiavelo).
Ahora, por si alguien tenía dudas, ya sabemos que votar al PP es votar a toda la banda del mirlitón: a las Azores, a las dos líneas de investigación, a la mochila de Vallecas y la Kangoo; al dúo sacapuntas Losantos y Alcaraz; a los del aguilucho en la bandera manifestación tras manifestación, al exiliado Zaplana, al que han corrido a gorrazos de su Valencia del alma; a los obispos de la familia cristiana apostólica y romana, pero que no mueven un pelo ante las injusticias de todos y cada uno de los días; en fin, a la derechona de toda la vida.
Ya no hay dudas de quién manda en el partido. El futuro es esperanzador. Hasta Sara Mago -esa escritora de la que no hemos leído nada- lo sabe. Dos crochés de derecha -por supuesto- y el alcalde a la lona. Vamos a ver esos golpes a quién le duelen al final. Cincuenta días y? a volar. Digo, a contar.
La cría del cuco, nada más nacer, se convierte en un frío y duro asesino: valiéndose del trasero, echa del nido los restantes huevos o crías recién nacidas, hasta quedar solo. O mata a los demás o muere él; debe hacer una elección. Una vez teniendo para sí tanto el nido como la total atención de los padres, la joven cría crece vigorosamente. En pocos días es más grande que sus padrastros. Al tiempo.
Feliz domingo
adebernar@yahoo.es
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