Carta a Andrés Chaves: los "matas" de nuestro tiempo
Estimado Andrés, aunque mientras escribo esta carta estoy en Barcelona, al leer, gracias a intenert, tu columna del 9 de enero ("Acercamiento al velillo"), en la que haces una leve comparación de este personaje con el "mata", no he podido por menos que reírme solo, mientras leía el artículo, porque tiene mucho de verdad.
Una de las cosas que encuentro muy próxima a la realidad es, como bien dices, que el "mata", en muchos casos, era un caballero, entendiendo por ello que se mostraba respetuoso y que no se metía con nadie. Vivía, creo yo, en su mundo, "navegaba", sin necesidad de internet, que por otro lado aún no había llegado, y tenía unas salidas graciosas, amén de su pintoresca y característica forma de hablar, arrastrando las palabras, con ese tono amigable y lleno de chispa. Dentro de mi afición a los chistes, que bien conoces, tengo un capítulo dedicado a los "matas" o "matientos", como se les conocía. Yo me quedo con la expresión "mata", porque me parece más simpática y sencilla a la vez.
De ese capítulo, rescato algunos golpes de dichos personajes, que expresan su sentido del humor y esa actitud, entre respeto y cachondeo hacia el que tenían delante.
Tienes que disculparme que los cuente por escrito, aunque pierdan muchísimo el efecto del tono y expresividad de la voz, que tanto caracterizaba a estos entrañables personajes.
La primera situación tuvo lugar en la plaza Weyler de Santa Cruz. Estaba un "mata" sentado en un banco, contando musarañas o algo así, cuando, de repente, se le acerca un paisano y le pregunta: "Mire, por favor, ¿la calle 18 de julio?, a lo que el "mata", sin darse un respiro para pensar, le responde preguntando: "¿De qué año, viejo...?".
Ya ni el nombre de la calle existe, pues fue cambiado a Juan Pablo II, pero a mí me hace gracia recordar ese golpe, pues es una muestra del ingenio desenfadado que distinguía a los citados personajes.
Bajando el mismo "mata" la calle del Castillo, a la altura de Valentín Sanz, le increpa un pobre señor, que por su notoria joroba miraba más bien al suelo: "Oiga, maestro, ¿cómo podría ir derecho a la calle del Pilar?". El mata se para en seco, lo miró de arriba para abajo, da una vuelta alrededor del ciudadano, reparando unos segundos en su peta y le dice: "¿Usted, derecho?, ¡ni por dentro un tubo!".
Alejándonos un poco de Santa Cruz, nos situamos en el Sahara, lugar en el que dos matas estaban haciendo la mili. Circulaban en un jeep, camino de la playa, sorteando dunas y polvaredas, cuando de pronto se les avería el vehículo. A pesar de sus intentonas por ponerlo en marcha de nuevo, todo se reduce a un gran fracaso y tienen que seguir a pie. Iban, eso sí, con sus respectivas toallas, el bañador puesto y la "matita" pegada al labio inferior.
Después de caminar varias horas buscando la playa, viendo solamente arena a su alrededor, pasó un saharaui en camella y le preguntaron: "Miraaa, ¿queda muy lejos la orilla?", a lo que el morito les contestó que aún quedaban unos diez kilómetros. Los "matas" se miraron y le dice uno al otro, sin perder el vacilón que llevaban encima: "Schá, mano, ¡fuerte playón!".
Como en todas las clases sociales hay penas y glorias, la siguiente anécdota ocurrió cuando se murió el íntimo amigo de un "mata", tan "mata" como él y fue a dar el pésame a la madre del colega. Al entrar en la casa sencilla y humilde, pero llena de dolor por las circunstancias, el "mata" entra todo compungido y para ponerse a tono, después de dar un beso a la madre de su amigote, le pregunta: "Mire, doña, ¿de qué murió Juanito?", a lo que la madre del difunto le responde: "De fiebre amarilla, mi hijo". Sin pararse a pensar, el mata, lleno de sentimiento le suelta a la pobre señora. "Ño, señora, ¡qué color más verdadero!
Bueno, Andrés, por hoy termino, después de haber recordado a ese personaje que tanto caminó por nuestras calles y que tantas ocurrencias aportó al diario vivir tinerfeño, o quizá canario en general.
Que tengas un buen año 2008.
Manuel Hernández Sigut
Caminos en Tahodio
Los vecinos de Tahodio Alto, valle que pertenece a Anaga, quisieran que publicaran esta queja, ya que se encuentran en situación de abandono por parte de las instituciones. Principalmente del Cabildo, que empezó con las obras del camino, arregló dos curvas en 100 metros de la pista dejando el resto, que son aproximadamente 2.900 mts., sin tan siquiera tocar. Y con lo cual nosotros, los propietarios, con las inclemencias del tiempo (lluvia, viento, zonas embarradas, etc.) seguimos sin poder en muchas ocasiones atender como quisiéramos nuestras tierras y nuestros animales.
Solo desearíamos que alguna institución se hiciera cargo de esta situación y de una vez por todas se solventara este que para nosotros es un gran problema, ya que ninguno de los propietarios ganaderos y agricultores puede acceder al valle por culpa de la carretera o camino que ni tan siquiera está señalizado, cuando muchos turistas practican por esta zona senderismo y estamos en el siglo XXI.
Los vecinos de Tahodio
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