La frase la dijo en su día Romanones. Hace poco la repitió Rajoy. Y no es para menos, ante el bochornoso espectáculo protagonizado esta misma semana por la presidenta Aguirre y el alcalde Ruiz Gallardón. En el PP gustan de montar estos números antes de una contienda electoral importante. Me consta por experiencia propia. Se trata con ello de ilusionar a los electores y tener más posibilidades de ganar. Algunos dirigentes, que nunca escarmientan, son así de cabales.
Lo cierto es que en el PP, y a estas alturas, restan y no suman. Parece fantasmagórico y resulta lamentable, pero es así. No quieren darse cuenta de que en un partido político no hay nadie imprescindible, aunque todos los dirigentes sean necesarios. Lo fundamental son los principios que defiende y el programa con el que concurre a la contienda electoral. Luego vienen las personas, los líderes y dirigentes que deben aplicar ese programa. Quiero significar con lo anterior que, por ejemplo, resultaría imposible saber si Rajoy ganaría las elecciones incluyendo a Aguirre y Gallardón en las listas, pero es seguro que las perderá si ambos no arriman el hombro con él.
Cuando Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón se reúnen con Rajoy en la calle Génova, al objeto de solventar definitivamente su inclusión o no en las listas del PP al Congreso de los Diputados por Madrid, ninguno de los dos está pensando en que lo que realmente importa es el electorado y llevar a Rajoy a la Presidencia del Gobierno. Es legítima y respetable la ambición política. Sin embargo, el momento y las formas también lo son. Mi recordado profesor de Derecho Político, José María Hernández Rubio, siempre me decía que "en política es muy importante el momento". Si ese momento no es acertado puede tirar por los suelos toda una carrera política. Hay una humildad ineludible y necesaria en la talla de todo gran político que no ha tenido Alberto Ruiz Gallardón. Y menos aún Esperanza Aguirre, colocando la pistola de su dimisión en la garganta de Mariano Rajoy. No era el momento de ambiciones personales, y probablemente Mariano Rajoy no olvide nunca el mal inicio de esta precampaña protagonizado por su tropa, ni los palos en la rueda que injustamente le han colocado.
Dicho lo anterior creo que Mariano Rajoy ha decidido tarde, después de mucho tiempo, una cuestión que estaba latente. Y además, a mi juicio, ha decidido con poco acierto. Alberto Ruiz Gallardón, a quien conozco personalmente muy bien, habría sido un buen candidato del PP para el Congreso de los Diputados. Su figura política es valorada en toda España con la máxima nota. Ha sido un gran alcalde y un gran presidente autonómico en Madrid. También es verdad que Gallardón encarna un modelo de derecha liberal que lógicamente debe tener cabida dentro del PP, aunque no guste a determinados sectores que podrían encontrarse entre los seguidores de Esperanza Aguirre. Lo reitero, la gran torpeza es no haber querido sumar.
Sin Aguirre ni Gallardón en el Congreso, y para el supuesto de un posible fracaso electoral de Mariano Rajoy, ¿quién estaría en condiciones de optar a la sucesión? ¿Acaso Manuel Pizarro, que acaba de rellenar su ficha en el partido? Veremos si el sobresaliente éxito obtenido por Pizarro en la empresa privada le acompaña también en su andadura política.
El papelón, bordeando el chantaje político, de Esperanza Aguirre ha sido mucho peor. ¿Es proporcionado dejar la Presidencia de la Comunidad para ir al Congreso por el mero hecho de que Gallardón pudiera estar en la candidatura? Aguirre no tenía por qué condicionar su suerte electoral a la del alcalde.
En fin, y para concluir, creo que todo esto es un gran error, aunque ignoro lo que pueda perjudicar al Partido Popular. He vivido la anulación del individuo en la política. Todavía hay quienes piensan -Gallardón incluido-, midiendo mal los tiempos, que ejerciendo la política en el seno de un gran partido pueden tener libertad de pensamiento y expresarlo. Se equivocan. Son maquinaria de grupo, no individuos. Cuenta el partido, la organización, la maquinaria bien engrasada. El privilegio del individualismo solo se lo pueden permitir los artistas, los escritores y los creadores de opinión. Doy fe.
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