SON COMO PALABRAS que se habían olvidado ya del todo y de pronto le asaltan a uno a lo largo del camino. Hace pocos días caminaba yo con un amigo, y al citarme a un individuo, comenté yo: "Ah, sí. Pero ése era un perdulario". Mi amigo comentó: "¡Perdulario!, qué palabra, cómo se me había borrado del léxico". Es cierto, un vocablo frecuente en la conversación, de pronto nos dice adiós para siempre o para casi siempre. Y en esta zona gramatical en que nos movemos, lo primero que te entra es la duda de si se trata de un barbarismo, de una palabra castellana degenerada por el uso o de algo que nosotros nos hemos sacado de nuestro propio caletre.
Veo que en el Diccionario Especial de la Lengua Española, en su vigésimo primera edición, figura la voz "perdulario" como persona que pierde las cosas frecuentemente, sumamente descuidado en sus intereses y en su persona, y vicioso incorregible. En la conversación nuestra se le podía añadir más del todo que era un desecho. Lo peor que se podía decir de un sujeto, algo así como "un vaina" en Venezuela, que no sirve ni para hacer un mandado.
Es una pena que las nuevas generaciones abandonen palabras que tanto expresaban en nuestra lengua y, en cambio, las hayan venido sustituyendo por vocablos que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia y nuestra manera de ser, solamente por esnobismo y por creer que así parecemos más progres y cultos.
Lo primero y lo natural es lo que vale. Vean cómo siempre una persona que sabe varios idiomas, al que recurre a la hora de morir o de verse en una situación desesperada es al idioma materno, al que aprendió cuando se alimentaba con la primera leche de la madre. Está más que comprobado.
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