J.D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
La segunda fase del concurso de murgas infantiles tuvo lugar el pasado jueves en el recinto del Parque Marítimo. Seis grupos críticos de niños cantaron durante más de tres horas (de 20:25 a 23:45) ante unas 1.200 personas, cifra similar a la del primer día, con algo menos de frío y sin reloj para determinar el límite de los 30 minutos para cada actuación por decisión de la organización para que no hubiera privilegios tras romperse el artefacto en la primera fase.
Las murgas parecieron ponerse de acuerdo a la hora de interpretar primero un tema serio, tal vez en exceso, y luego otro de tintes humorísticos. A veces lo consiguieron y otras no, pero el nivel medio fue aceptable.
Los temas prácticamente coincidieron con los del primer día. Entre los serios, los secuestros y agresiones a menores, la ecología, la crisis económica o la inmigración, y en los de humor situaciones cotidianas como quedares a cuidar a los hermanos pequeños. De entrada y a veces de salida, las clásicas dedicatorias.
Carricitos abrió el espectáculo, presentado por Nuria Balsa y Esther Gómez, segunda versión del modelo "unisex" establecido este año por Fiestas. Cantaron a los problemas de Santa Cruz para luego plantear la cercanía del Carnaval con la Navidad y terminar aludiendo al alcalde Zerolo a ritmo de pasodoble.
Los Rebeldes mantuvieron su buena línea habitual, aunque estuvieron mejor en un segundo tema simpático, donde explicaron en forma de parodia cómo lo pasan los críos cuando llega un hermano pequeño. En el primero dieron sus razones para ser murgueros.
El Cabito criticó las desapariciones de menores y el cambio de las familias cuando llegan los problemas económicos. Gustaron.
Los Descontrolados recordó el sufrimiento de los niños del tercer mundo y parodió el día de la fuga. El recinto se iba quedando vacío, salvo las aficiones. La de Los Melositos no faltó y su murga tampoco defraudó. Hablaron otra vez de los raptos y en el segundo tema desarrollaron con humor cómo un crío encuentra lo que no debe en el cuarto de sus padres.
Los últimos, y eso es un hándicap en la segunda fase, fueron Frikywikys a los que los suyos tampoco dejaron solos . Cantaron a los críos raptados en Canarias para abordar después las peripecias de un niño que se queda solo con sus hermanos gemelos. Mención especial al pequeño, de ocho o diez años, que tocaba las tumbadoras.
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