Por circunstancias que no vienen al caso, llevaba tiempo sin hablar con mi querido amigo, agricultor vocacional donde los haya, compañero laboral durante muchos años. Y, tras los saludos inevitables repletos de buenos deseos, le pregunté por la marcha de su bien cuidada finca, regada con el sudor de su esfuerzo compatibilizado con su empleo de bancario, durante tantos años hasta su merecida jubilación. "Está bonita, me respondió con orgullo, ahora que los frutales se han recuperado totalmente de la tormenta "Delta", sin embargo he tenido que combatir duramente con una nueva plaga que ha afectado a todas las plantaciones de aguacates del valle. Por ahora, he podido eliminarlos, pero existe el riesgo de que con la llegada del próximo verano los insectos invasores vuelvan a despertar de su letargo y reproducirse de nuevo. Y todo esto por culpa de una persona (me citó la procedencia) que importó una partida de frutales sin los pertinentes controles fitosanitarios. Si estuviera en mi mano, colgaría al responsable de tamaño desaguisado agrícola".
No es noticia nueva la proliferación de plagas venidas de allende los mares, por causa de cierta laxitud a la hora de favorecer determinadas importaciones de plantas ornamentales o frutales. El desarrollo acelerado del sur trajo consigo que en muchas urbanizaciones se plantaran especies de crecimiento rápido, procedentes de países tropicales, con el consiguiente perjuicio para nuestra flora autóctona. Existen algunos nombres conocidos, de los que la "vox populi" menciona como responsables directos de alguna que otra plaga implantada en la Isla y en el resto del Archipiélago donde existen explotaciones agrícolas, pero, al parecer, la Administración supo mirar en su momento en otra dirección para no caer en compromisos partidistas con el clientelismo habitual; el del enriquecimiento rápido y la poca o nula consideración al mediano o pequeño agricultor, desprotegido y minusvalorado en el escalón social, y carente de los apoyos diligentes a la hora de solventar las emergencias. Aún a estas alturas, muchos de los afectados por la mencionada tormenta, no han recibido todo el equivalente a las cuantías solicitadas en función de su grado de pérdidas.
¿Quién en estas condiciones no se decanta por dejar baluta la huerta, y tomar otros derroteros alternativos? De nada vale que los responsables de Agricultura insistan en que hay que, por lo menos, eliminar rastrojos y roturar los campos una vez al año; evitando así con esta medida la propagación de incendios como los que nos afectaron el verano pasado. Al igual que mi amigo, conozco muchas personas mayores que no pueden o no saben vivir sin el contacto diario con la tierra que heredaron de sus mayores o que compraron con los ahorros de la emigración, pero cuando esta generación se extinga por razón natural ¿dónde estarán los brazos jóvenes que tomen el testigo de sus padres? Probablemente emigrados o dedicados a otros menesteres en los que se requiere un menor esfuerzo, con una compensación económica fija aunque un tanto precaria por el exceso de oferta laboral.
Con todo, no me extraña que desde mis lejanos tiempos de juventud, realizando las prácticas de navegación, tuviera que soportar las chanzas de los "godos" que conformaban la tripulación acerca de nuestra incapacidad para generar ni siquiera los productos primarios y que por tanto teníamos que importar absolutamente todo. Si esto ya ocurría a finales de los años sesenta, qué no dirían hoy estos lesivos compañeros de singladuras.
Y ya que me he decantado por el agro, no puedo obviar el bache de nuestra producción ganadera, injustamente azotada por la competencia desleal de los derivados que llegan del exterior fuertemente subvencionados, para lo que es peor que nunca repercutan en el bolsillo del consumidor, sino (y vuelvo de nuevo a ello) en el de los que se benefician del clientelismo político asociado al REA, sin que por ahora nadie les pida cuenta de sus actos. ¿Quién, entonces, se atreverá a generar medidas para paliar el abandono de estas economías? Hay tantas asignaturas pendientes de este Gobierno y de los anteriores que uno no se explica cómo es posible que aún muchos de sus responsables directos quieran seguir postulándose a cargos orgánicos en entidades crediticias o entes dependientes de la Comunidad, para no perder el estado de privilegio al que han estado aferrados durante tantos años. Y nosotros pagando sus facturas. Con esta ambición desmedida, tan individualista, quién se extraña de que todo nuestro sector primario vaya proa al marisco.
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