BENJAMÍN REYES, Tenerife
Silvia Abascal (Madrid, 1979) se encuentra en tierras tinerfeñas con ocasión del estreno nacional de la obra teatral "Gatas", una visión del siglo XX a través de la mirada femenina. Concita la atención su mirada límpida que transparenta sinceridad. El éxito le sobrevino muy pronto con su papel de impúber en la serie televisiva "Pepa y Pepe" en 1995. Luego debutó, con buen pie, en el cine con "El tiempo de la felicidad", un año después. En el teatro, ha simultaneado obras clásicas con textos contemporáneos. Esta noche representa el rol principal del montaje teatral de "Gatas" en el capitalino teatro Guimerá, a las 20:30 horas.
-Poca gente sabe que empezó como niña de "El exorcista" en el "Un, dos, tres".
-Sí, comencé con catorce años con ese personaje en la penúltima etapa del "Un, dos, tres". Siempre le agradeceré a Chicho Ibáñez Serrador esa primera oportunidad porque yo no tenía ningún curriculum. Ahí empezó todo.
-¿Con qué tipos de montajes teatrales se siente más cómoda? ¿Con los clásicos como Shakespeare o Chéjov o con los modernos?
-Con los que tienen calidad y con los que me remueven. Con los que me ilusionan y me plantean retos. Por supuesto que me gustan los clásicos, por eso son clásicos. En ellos siempre hay cosas que descubrir con cada función. Por eso son universales. Pero también apuesto mucho por textos actuales y contemporáneos.
-Hable de su rol en "Gatas".
-Interpreto el personaje de Alicia. Una feminista provista de una fuerza terrible. Es arrolladora, muy vital. Es el pilar sobre el que se asientan el resto de personajes femeninos de la obra. Pone toda su fuerza en los derechos de la mujer para tener bienes como el aborto o el divorcio; que las mujeres puedan votar, que puedan llevar minifaldas. Ella esta abierta a todo tipo de iniciativas. También tiene sus miserias, como cada una de las mujeres de esta función. Es un personaje absolutamente feminista, pero que se enamora de hombres y los necesita a su lado.
-¿La mujer al poder?
-Al poder juntos. A mí me gusta defender las diferencias entre los hombres y las mujeres. Adoro las diferencias. Estamos en unos tiempos en que parece en el que todo hay que globalizarlo y que todos tenemos que pensar igual. No. A mí me gustan los contrastes en sexualidad, en ideología política. La cuestión es respetarnos y convivir con tolerancia. Si hay que llegar al poder que sea juntos.
-En el cine, ¿con qué papel se queda de los que ha interpretado?
-Le tengo mucho cariño al personaje de "La dama boba". No sólo por el resultado de la taquilla y la buena acogida de la crítica sino por todo el proceso de la película. También le guardo especial cariño a mi debú en "El tiempo de la felicidad. "La fuente amarilla" también fue positiva. De todos los trabajos se aprende algo.
-¿Cómo valora la experiencia de rodar en Italia "The House of the Geraniums", y trabajar con Sofía Loren?
-Si te digo la verdad, la experiencia fue desastrosa en el sentido de que no me permitió aprender algo. Si fue enriquecedor estar al lado de Sofía Loren y de Murray Abraham. Son actores muy generosos y que me imponen mucho. Pero en lo que atañe a la producción para mí fue un desastre. Luego hice un corto del que aprendí mucho más.
-Ante el éxito de Javier Bardem y Penélope Cruz ¿se le ha pasado por la cabeza intentar la aventura de Hollywood?
-Esas metas tan lejanas ni me las planteo. También es cierto que te tienen que llegar. Cuando se me plantee, pues a lo mejor. Además, Estados Unidos no es siempre sinónimo de calidad. La cuestión es buscar buenas historias independientemente de dónde surjan.
-¿No falta en su filmografía un título que la termine de catapultar?
-Es verdad. Me lo han dicho mucho. Me falta esa gran producción. No he tenido ese "petardazo" de intervenir en un filme como "Alatriste". Pero me siento muy afortunada porque tengo una continuidad laboral y mi trabajo ha sido reconocido.
-¿Qué queda de la Silvia Abascal adolescente?
-Con el tiempo hay cosas que he ganado y cosas que he perdido. Antes era más de contrastes. Las alegrías eran muy efusivas y los momentos malos, desastrosos. Ahora llevo esta profesión con muchísima más calma. Seguramente sea menos inocente. Sin embargo, cuando más meto la cabeza en esta profesión más valoro el hecho de formarme y dedicarme a lo que me gusta.
-La cancelación de la serie "Vientos de agua" por Telecinco en la que intervino ¿refleja que en televisión no interesa la calidad sino la audiencia?
-Ni siquiera tuvo una oportunidad. A la segunda semana ya la cambiaron de horario y a la tercera la suprimieron. Luego, el público la compró en formato DVD. Una nunca sabe lo que va a pasar con un proyecto. Cuando leí el guión de la serie, y bajo la batuta de Campanella, pensé "¡Madre mía! Qué bueno es". Y mira cómo la han tratado. Quiero pensar que si las cosas se cuidan y se les ofrece un espacio y un tiempo, el público, por supuesto lo valora y lo sigue. ¿Por qué el público se engancha a series estadounidenses como "A dos metros bajo tierra" o "Los Soprano"? Porque son excelentes.
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