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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

La hora de los embargos

19/ene/08 18:35
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RESULTA sumamente tranquilizante saber que no ocurre nada malo; que todo va bien en la economía patria. Desde que empezó el año la bolsa no ha hecho otra cosa que desplomarse, pero eso no importa. La bolsa tiene sus vaivenes. Los tuvo también con el PP. Lo malo es que ahora el capital huye de los mercados -de todos, no sólo del español; esa es la verdad- a galope tendido y sin mirar atrás. Es decir, sin fecha de regreso. Aunque, ¿a quién le importa que la bolsa se desinfle? Eso de comprar acciones es para los ricos. Al Gobierno lo apoya el partido socialista; el del pueblo; el de los obreros y de los españoles, aunque el PSOE gobierne donde y cuando le conviene con gente a la que le sale un sarpullido cada vez que oye la palabra España. ¿Qué más da si todo va bien? Suele ocurrir que después de vaciarse la bolsa mercantil le ocurre otro tanto a la del supermercado. En realidad, hace algún tiempo que la economía doméstica no está para muchos trotes; más bien para ninguno. Pero eso tampoco importa. Con tal de que la hecatombe no acontezca antes del 9 de marzo?

Comienzan a verse, empero, algo más que nubarrones en el siempre incierto horizonte económico. Acaso tampoco sea absolutamente casual que en estos primeros días del año no se padezcan tantas colas en las autopistas de Tenerife. Y que las rebajas no estén siendo, en lo que se refiere a afluencia de compradores, las de otros años. Pero no nos preocupemos. Lo esencial, de momento, es disfrazarse y echarse a la calle. Hacer buena la filosofía del moro: "Si tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene, ¿para qué te preocupas?".

¿Tiene solución el hecho de que casi la mitad de las familias españolas con una hipoteca vigente se enfrenten a la angustiosa circunstancia de que el banco les embargue su vivienda este año? Según Paulino Rivero, sí; basta con ayudar a los hogares con menos recursos. Hace años que somos el país de la subvención por sistema. Aznar acusó a Felipe González de ir de pedigüeño por Europa. Actividad en la que él y su partido relevaron gustosamente a los socialistas en cuanto se hicieron con el Gobierno.

Las subvenciones son un recurso peligroso. Valen para salvar una crisis o superar un desequilibrio. Los países que funcionan son aquellos en los que las empresas le pagan impuestos al Estado, y no en los que están pendientes de la prebenda de quien gobierne. Lo he dicho en alguna ocasión -lo han dicho muchos-, pero no está de más repetirlo. Por añadidura, temo que esas ayudas para pagar las hipotecas en realidad sólo contribuyen a mantener el consumo. La crisis no se está produciendo sólo por el encarecimiento de los préstamos hipotecarios, sino por el pago de otras deudas derivadas de créditos personales rápidos pero con altos intereses, saldos aplazados en tarjetas de crédito, etcétera.

Una cultura del gasto, en definitiva, muy alejada de la que tenían nuestros abuelos. Una vez oí el consejo que le daba una madre canaria al hijo que se trasladaba a la Península para trabajar en una empresa: lo primero, pagar el alquiler; luego la comida, después la ropa y lo que te sobre, si te queda algo, para divertirte. Démosle la vuelta a esta juiciosa lista y tendremos las prioridades de hoy.

rpeyt@yahoo.es

 

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