BUENO. Pues he de decir que a Pilar, me refiero a Pilar Merino, la consejera de Agricultura, Ganadería y Pesca, se la ve con ganas de currar, con mucha dedicación y encarando los problemas, que son cantidad, de las áreas que son de su competencia. O sea, agarrando al toro (mejor, a las vacas bastas, en este caso) por los cuernos, reuniéndose con quienes se tiene que reunir, escuchando a quienes saben de los problemas de esas tres materias fundamentales, y tratando de hallar soluciones razonables. No es coba, porque uno no tiene más interés en el asunto que cualquier ciudadano interesado por las cosas y el porvenir de las Islas. Lo que pasa es que la actitud de doña Pilar contrasta con la de doña Rita, la responsable del departamento de Turismo en al Ejecutivo, aunque sean del mismo partido. La política conejera ha dado largas a las recomendaciones de la oposición sobre la necesidad de cambiar el modelo turístico. Una prepotencia, oigan. Habría quedado mejor respondiendo a la oposición, humilde y socarronamente:
-Pues no tengo inconveniente, siempre que ustedes, que son tan listos al parecer, me expliquen cómo se cambia el modelo a estas alturas de la película.
Lo que sucede -me temo- es que las aptitudes para el cargo de doña Rita sean equiparables a su elegancia a la hora de elegir su vestimenta.
Pero, les hablaba de Pilar Merino a quien le ha tocado, toca, lidiar (siempre los símiles taurinos) con la consejería, desde mi punto de vista, más trascendental para el futuro del Archipiélago. Urge que esta región recupere en lo posible el sector primario, el de doña Pilar, y más teniendo en cuenta lo que está lloviendo fuera (alza del precio de los cereales, de los alimentos y de los combustibles), nuestra suicida dependencia del exterior (más de un ochenta por ciento de los productos básicos) y la posibilidad de una crisis en nuestra principal actividad económica: el turismo, precisamente. A la señora Merino le corresponde -aunque ella no pueda hacerlo sola, por supuesto- propiciar, en lo que quepa, un impulso que mueva al Gobierno a cambiar el modelo económico de esta Comunidad, lo que implicaría (gústele o no a la dama) un esfuerzo por cambiar también el otro modelo en el que tan cómoda se siente, a lo que se ve, Rita Martín.
Ahora, hace unos días, Pilar Merino se reunió con los ganaderos, porque la ganadería se ha ido a la porra en estos peñascos -las causas no son tan lejanas: se sitúan en la pasada década de los setenta-, pero, además la agricultura agoniza y la pesca habría que resucitarla después de que las propias administraciones públicas le dieran la puntilla patrocinando la destrucción de la flota. Todo el sector que depende (es un decir) de doña Pilar no aporta al PIB canario más que un precario siete por ciento. Eso es una cifra, pero también un drama. Y una señal espeluznante de peligro que nuestros gobernantes -que muchos de nuestros gobernantes- se empeñan en ignorar. Suerte a la consejera.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD