SI, EFECTIVAMENTE y como se empeñan en insistir el presidente del Gobierno y su ministro de economía, señor Solbes, no hubiese crisis económica, el programa electoral del PSOE, de cara a las elecciones, no volcaría la mayor parte del peso de sus promesas en soluciones económicas para los cuatro años próximos. Y si el PP no estuviese convencido de que, en estos comicios el votante va a tener muy en cuenta cómo van a evolucionar su bolsillo y su capacidad adquisitiva, el señor Rajoy no habría tenido la ocurrencia de colocar de número dos en su lista por Madrid, detrás de él mismo, a don Manuel Pizarro, economista de reconocido prestigio, ex presidente de Endesa y actual consejero de Telefónica.
La de la economía va a ser, pues, la madre de todas las batallas en la guerra de las urnas que se nos avecina o que, como quien dice, ya está aquí. Nos van a prometer Jauja, no tengan la menor duda, aunque el elector se conformaría con que la cesta de la compra no continuara escalando alturas en plan alpinista desbocado y con que los sueldos se pusieran razonablemente a la par con las necesidades que impone la vida cotidiana.
Así las cosas, no es de extrañar que, comparando los programas de los dos partidos mayoritarios del país -los únicos con posibilidades de gobernar-, las coincidencias en este campo del que tratamos sean apabullantes, sobre todo en los objetivos, lo cual satisfará enormemente a quienes mantienen que las diferencias entre las derechas y las izquierdas ya no existen (un servidor lo que sostiene, pero eso es materia para otro artículo, es que la izquierda se ha esfumado, ha desaparecido, ha muerto y que posiblemente no resucitará). Pero, a lo que vamos: tanto el PP como el PSOE -por poner algunos ejemplos de afinidades programáticas- le van a meter mano al IPRF, garantizan que subirán las pensiones, que incrementarán el salario mínimo, que bajarán algunos impuestos y que tomarán medidas para frenar los precios. Hay otras iniciativas de ambas fuerzas relacionadas con el mercado del trabajo o las fuentes energéticas que también guardan relación con la economía, por supuesto.
Visto lo cual, el votante indeciso tendrá que optar al final, mayormente y aunque eso sea poco pragmático, en base a un pálpito, a una corazonada, a una intuición: quién suponga él que pueda llevar a cabo y más fiablemente esos paquetes de promesas casi idénticas, si el PSOE de Zapatero, o el PP de Rajoy.
En esos paquetes tan parecidos aparecen, por cierto, dos figuras que los partidos respectivos tendrán que aclarar, porque en principio parecen muy llamativas pero no significan nada por sí solas: el "plan de choque" contra los precios del PP y el "observatorio de precios" del PSOE, un mecanismo este último que parece confirmar, vía subconsciente traicionero, las cotas astronómicas que están alcanzado algunos de esos precios a observar.
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