CREO que, por primera vez en España, después de legalizarse el "matrimonio" entre personas del mismo sexo, tras la aplicación de esa ley contra natura que se sacó del meollo don José Luis Rodríguez Zapatero para fomentar el "progreso" de la nación, se ha producido un acto de violencia de género que ha planteado un nuevo problema al señor Zapatero, porque, en cierto modo, le ha chafado el invento.
La violencia de género se produce, según la ley, cuando un hombre, que es del género masculino, maltrata y hasta incluso asesina a la mujer, que es del género femenino, como todo el mundo sabe. Y se supone que en la terminología jurídica deben figurar estos términos. Pero, hace unos días, en Gijón, un hombre, que estaba casado con otro hombre, se lo cargó de un cuchillazo. El maltratador, en este caso, no de mujeres sino de otro hombre que hacía de mujer en el "matrimonio", o viceversa, confesó su crimen y, me supongo, las causas, que no se revelan en la información.
Llamó él mismo a la Policía para que lo detuviera. Se llama Rafael G.S. y tiene 41 años. La víctima se llamaba C.J.M.V., y tenía 59 años. Las Fuerzas de Seguridad mandaron retirar el cadáver, que fue encontrado en la casa que ambos "cónyuges" compartían desde hacía año y medio y se hacían pasar como hermanastros.
Otro problema en este tinglado es si el asesino era el que hacía de marido y el asesinado, el que figuraba de mujer en el contrato matrimonial, en cuyo caso se aplicaría la ley como si fuera matrimonio de macho y hembra. Por eso, Mariano Rajoy insiste en que estas parejas de gays o de lesbianas no deben llamarse "matrimonios" sino "uniones". En este caso concreto, ¿quién es el maltratador? ¿El asesino o la víctima?, porque según el papel que representen en el "matrimonio legalizado", puede resultar que el maltratador podría ser la propia víctima a efectos judiciales.
O sea, que los jueces se armarán el lío padre como el que se está armando un servidor para digerir la ley, aunque éste que lo es ha sido uno de los pocos estudiantes universitarios de su tiempo que no se decidió por la Facultad de Derecho, que casi todos los españoles eran abogados, jueces y fiscales. ¡De la que me escapé!
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