QUIERO INICIAR este escrito felicitando a José M. Clar Fernández por el suyo, publicado en este diario el pasado 10 de este mes, bajo el título de "Prohibido dar cachetadas a los niños", artículo que merece ser leído, meditado y debatido por lo mucho que encierra.
Me atrevo a afirmar que con este escrito nuestros gobernantes han puesto la guinda al pastel, pastel que terminará atragantándosenos, con trágicas consecuencias. Tiene una serie de ingredientes a cual mejor, en especial para las nuevas generaciones. Veamos.
Una primera capa hecha con empleos y sueldos basura, que impiden que nuestros jóvenes accedan a una vivienda digna y puedan formar familia. Se le añade generosa ración de una Sanidad que, al paso que va, tendremos que traer al brujo de la tribu, acompañado de unos sistemas educativos que dan pena.
Para controlar la natalidad añadimos el aborto, el divorcio exprés, sustituyendo los valores de la familia por vivir como parejas de hecho, pasando olímpicamente del relevo generacional, dando lugar a que cada vez seamos más los ancianos, para los que tenemos en la nevera la eutanasia, que aplicaremos más adelante.
Otra capa del pastel está formada por las leyes que protegen a los menores, aunque, por el mal resultado que está dando -con acosos y crímenes- va camino de corregirse.
La guinda del pastel la han puesto nuestros gobernantes con la modificación de los artículos 154 y 268 del Código Civil, aprobada el 20 de diciembre, con lo que, a partir de ahora, los padres ya no podrán "corregir moderada y razonablemente" a sus hijos, ya que, de hacerlo, puede acarrearles condenas privativas de libertad y de retirada de la custodia al padre o la madre. No se le ocurra reprender a sus hijos con una cachetada o nalgada pues pueden encontrarse ante un juez acusado de maltrato.
Con esta medida, las parejas que quieran tener hijos lo tienen aún más difícil, y no es de extrañar que prefieran vivir como parejas de hecho, sustituyendo sus instintos paternales por un perrito (al fin y al cabo no tienes que preocuparte por sus tareas, sus estudios, etc.).
Y yo, infeliz de mí, me pregunto la razón por la cual, en lugar de dar soluciones positivas, seguimos cultivando la llamada "cultura de la muerte", malgastando los recursos económicos de la Tierra.
No hemos de extrañarnos si cada vez son más numerosos los ciudadanos que no quieren tener hijos, ni tan siquiera matrimonio, por aquello tan socorrido del "no estoy preparado".
La tarta tiene un fallo: le faltan las estructuras en que apoyarse para que no se venga al suelo. Sin solidaridad, responsabilidad, honradez, amor, trabajo, mutuo respeto y generosidad, la tarta se autodestruirá.
Merece la pena leer el artículo de José Mª Clar y así sabremos que si tu hijo no te obedece puedes acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, o al Estado mismo "para que los auxilien en la educación de sus retoños revueltos".
Hemos pasado de castigar a los hijos a que los hijos castiguen a los padres.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD