1.- Si he dado alguna cifra anterior errónea, pido disculpas; y rectifico. He revisado de nuevo todos mis pasaportes, los que me han entregado desde los 17 años, y he comprobado que he estado en la ciudad de Nueva York 42 veces. Puedo, pues, considerar la urbe como mi gran casa. El otro día recordaba con el director de este periódico, José Rodríguez , cuando una vez almorzamos en el último piso de las Torres Gemelas y tuve que alquilar una espantosa chaqueta, porque fui al comedor en mangas de camisa y no estaba permitido. Pero si la chaqueta era fea, la corbata era peor. Mi hotel emblemático era el Plaza, ya desaparecido como tal, aunque no el edificio, de principios del XIX, adquirido por los japoneses para vender lo que llaman condominios. Otro hotel que me gusta es el New York Palace, junto a la catedral de San Patricio; lo mismo que el Pierre, en donde tenía un apartamento Don Juan de Borbón ; o el Four Seasons. Hay otros nuevos, pero minimalistas y con habitaciones ridículas, a lo Phillipe Stark . Prefiero lo clásico, como el Waldorf Astoria.
2.- Marzo es una buena época para viajar a Nueva York, porque ya no hace tanto frío; de marzo a mayo. A partir de junio se empieza a llenar la ciudad de turistas, hasta noviembre, mes que los neoyorquinos llaman el "verano indio": hace generalmente un tiempo estupendo. Lo mejor de Nueva York es ir a donde no van los turistas: ni a la zona cero, ni a la Libertad, ni a la isla de Ellis. Nada de eso. Recorrer a pie, o en coche, ahora que es tan segura la ciudad, los barrios elegantes de Central Park, caminar por Harlem y por el barrio puertorriqueño; o bajar hasta el Soho, Chinatown y Little Italy. Comerse una pizza en Angelo's o una buena carne en Smith and Wolensky, la mejor del mundo. Ir al MOMA, para mí el museo de mis sueños, y ver cualquier exposición monográfica que toque, o quizá los fondos del propio museo, y comprar en su tienda de recuerdos.
3.- Y salir de Manhatan; e ir a los grandes complejos de ropa de fuera de temporada del extrarradio, en los que te compras las mejores prendas y complementos a precios realmente ridículos. Es preciso conocer los últimos, porque con los años cambian mucho; nacen unos cuantos cada vez y hay que estar muy encima para no perder el norte de todo lo nuevo. Como comprenderán, 42 visitas a una ciudad dan para mucho, pero es que esta urbe te cautiva y te llena de fuerza y te llena de vida.
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