EFE, Madrid
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, se confesó ayer "derrotado" y anunció que abrirá, tras las elecciones generales del próximo 9 de marzo, un "periodo de reflexión personal" sobre si abandona o no la política.
"El que les habla ha sido derrotado", aseguró Ruiz-Gallardón, quien dijo "tener la convicción" de dos cosas, que debe esperar a que pasen las elecciones generales de marzo para reflexionar sobre su futuro en política y que será una "reflexión personal y compartida" con las personas que le han acompañado en los últimos años.
En una breve comparecencia informativa tras reunirse con el alcalde de París, Bertrand Delanoë, el regidor madrileño reconoció que en política "a veces se gana y a veces se pierde" y que, en esta ocasión, se sentía "triste" por no haber visto cumplida "la ilusión que arrastra desde hace años" de ser incluido en las listas del PP al Congreso. Ruiz-Gallardón expresó un "sentimiento de mucha tristeza" porque "han sido más de treinta años de dedicación" al PP "desde el primer día", desde que su padre, José María Ruiz-Gallardón, "participó en su fundación".
El alcalde recordó "haber hecho siempre" lo que el partido le ha "solicitado" y subrayó que él había pedido ir en las listas al Congreso de los Diputados, "y no ha podido ser". Para Ruiz-Gallardón, estas son "decisiones duras, que en política muchas veces crean dolor", pero quien la ha tomado es "quien la podía adoptar y quien tenía la responsabilidad de conformar a su equipo porque es nuestro candidato a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy".
El alcalde cerró su intervención, en la que aceptó una única pregunta de los medios, pidiendo "el apoyo a todos los ciudadanos" a Mariano Rajoy "para que sea el próximo presidente del Gobierno" de España.
La decisión de Mariano Rajoy, de rechazar el ofrecimiento de Alberto Ruiz-Gallardón para acompañarle en las listas electorales ha sacudido la precampaña electoral y ha eclipsado la reciente inclusión en las candidaturas de ese partido del ex presidente de Endesa, Manuel Pizarro.
A grandes rasgos, las primeras reacciones se dividen entre quienes -desde el PP- respetan la autonomía de su líder para adoptar ese tipo de decisiones y quienes -en el PSOE- dicen ver una evidencia de que quien manda en el principal partido de la oposición es el ala más dura, con Esperanza Aguirre a la cabeza.
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