ANTE LOS NUBARRONES económicos que asoman por el horizonte, el Gobierno de Canarias ha decidido tomar la iniciativa y poner en marcha una serie de medidas para paliar, en lo posible, las repercusiones de la crisis en ciernes. El presidente, Paulino Rivero, asesorado por su consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, ha anunciado diversas rebajas fiscales, que más adelante concretará, para ayudar a las endeudadas economías familiares, así como el aumento de la subvención al transporte de pasajeros entre islas periféricas, la bonificación de tasas portuarias al tráfico de mercancías y un mayor control en la aplicación del Régimen Específico de Abastecimiento (REA), por el que se abaratan numerosos alimentos que se importan del exterior. Ciertamente, con esta reacción el Gobierno canario no garantiza a nadie que los efectos de la desaceleración económica, que ya están provocando más paro en la construcción, no le vayan a afectar; ni que las familias que tienen una hipoteca y ven cómo suben cada cierto tiempo las cuotas vayan a llegar a fin de mes con holgura. Se trata, simplemente, de hacer algo, lo que esté en la mano de un Gobierno autónomo -que, a pesar de las competencias que posee, no es mucho ante una situación que afecta a todo el país y se extiende por Europa y Estados Unidos- para atenuar el golpe a la economía de las Islas. Al menos una cosa puede afirmarse al respecto: esto sí es hacer política, si por tal se entiende la toma de decisiones de los poderes públicos para, dentro de sus posibilidades, facilitar la vida a los ciudadanos. La otra parte de la política, es decir, la parte retórica, la pelea ideológica y las declaraciones continuas, pertenecen a eso que hemos dado en llamar aquí politiqueo. No le interesa a nadie, o al menos le interesa cada vez a menos gente. Por esto último, tememos el momento en que el Parlamento de Canarias reanude su período de sesiones y vuelvan la verborrea desaforada de algunos diputados, la bronca y, en definitiva, la pérdida de tiempo a cuenta de los impuestos del contribuyente. Para instituciones que nos gobiernen, nos quedamos con los cabildos insulares, que son mucho más queridos por el pueblo que la Cámara de la calle Teobaldo Power.
En fin, que el Gobierno canario siga en la senda tomada ahora ante el atisbo de crisis: medidas concretas para ayudar a la gente a que pueda vivir mejor y no marear más con proyectos para sobrecargar el gasto público.
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