CUANDO AFIRMA que "cuando no se está muy de acuerdo en una cosa, lo decimos con toda contundencia y firmeza", porque "es el deber de un gobierno democrático". Y cuando los cardenales y obispos hacen llegar a la comunidad cristiana sus orientaciones ante determinadas situaciones, el Sr. ZP se rasga las vestiduras. Se atreve a afirmar que desde hace treinta años España no ha hecho más que progresar en el desarrollo de los derechos y las libertades de los ciudadanos. Descubre la pólvora cuando matiza a los obispos que "nadie puede imponer la fe". ¡Y se queda tan pancho! Claro que la fe y la moral no se pueden imponer, pero es responsabilidad de los obispos denunciar las situaciones que pueden dañar a la comunidad.
Tengo ante mí algunos artículos aparecidos en la prensa de Tenerife, y otro de ABC, de fecha 7 de este mes, que recomiendo leer, y que pueden arrojar luz sobre la postura del Sr. ZP y, consecuentemente, de su Gobierno. Es posible que el hombre de la calle ignore que once mil menores de edad han abortado en España en los últimos dos años. Y también que Canarias es la quinta región del país en número de abortos, concretamente 4.179 en el año 2006. Y que la mayoría de ellos se practicaron en centros privados.
En el pasado año se ha superado la barrera de los cien mil abortos anuales. Esta circunstancia ha sido denunciada por diversas organizaciones, que alegan que la educación sexual "ha fracasado", sin que el gobierno -que yo sepa- se haya manifestado al respecto. Pero respecto a la Iglesia, que, repito, tiene la obligación de clarificar las situaciones que dañan a la Humanidad, se pone el grito en el cielo. Es significativo el número de extranjeras residentes fuera de España que acuden a nuestras clínicas por no poder hacerlo en su país. Si ese es el progreso a que se refiere el Sr. ZP ¡guárdeme un cachorro!
Margarita Delgado, investigadora y demógrafa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sostiene que "el aborto no puede ser una alternativa a los métodos anticonceptivos". Y recalca que, en términos generales, las propias mujeres opinan que "la interrupción del embarazo no es una situación en absoluto agradable, sino dificilísima y un mal trago".
A estas situaciones habría que añadir el trauma psicológico que sufren, principalmente. la madre y el padre que tienen que tomar esa dolorosa determinación.
Es bueno conocer también datos concretos y las consecuencias de los "matrimonios" homosexuales, que en nada benefician el tejido sobre el que debemos desarrollar nuestra sociedad, nuestra convivencia y nuestro mutuo respeto.
Creo que va siendo tiempo de que seamos capaces de seguir denunciando toda situación que perjudique -principalmente- la vida familiar, bien sea por falta de viviendas, por una sanidad tercermundista, una deficiente educación o un trabajo inestable.
Y eso tiene arreglo, pero para ello hay que tener unos gobernantes capaces de poner los medios, contando, además, con nuestro compromiso en hacer un mundo mejor.
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