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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Quien manda, manda

8/ene/08 14:05
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NUNCA me ha gustado ese rally que al principio empezaba en París, luego en otras ciudades y últimamente en Lisboa, pero que todos los años acaba en Dakar. Todos menos este, pues Al Qaeda ha conseguido que muchos aventureros de salón se queden sin su dosis de riesgo comedido en estos primeros días del año. Una correría envuelta en algodones, conviene precisarlo, pues la civilización occidental se ha tornado hedonista e insensible. Los tigres mejor los vemos en el parque zoológico, a salvo del zarpazo inoportuno, que en la selva donde nos pueden devorar. Y si nos apetece apreciarlos en su entorno natural, que sea en un safari con garantías. Por eso el París-Dakar, el Lisboa-Dakar o el desde-donde-carajo-sea-Dakar siempre me ha parecido una bufonada. Una payasada con la que coincidí hace cuatro años por estas fechas en Tan Tan. Realizaba un reportaje sobre la realidad social de Marruecos y gasté media tarde en grabar el paso de motos, coches y camiones que parecían vehículos de otro planeta pululando por un mundo esencialmente depauperado.

Reconozco, no obstante, que mi aversión por esta prueba deportiva es egoísta. Tanto como la actitud de unos turistas alemanes que, en plena Amazonía, protestaban porque los indios del poblado al que los habían llevado de visita no anduviesen con taparrabos, sino con pantalones vaqueros y camisetas de colores. Teutones hijos de su madre, en absoluto condenados a una esperanza de vida que ronda los 30 años. Por eso no se ponían ellos el taparrabos. Actitudes -la mía, la de los guiris de testa cuadrada- tan inadecuadas como la de un obispo malagueño que lamentaba, hace algún tiempo, las pródigas fiestas marbellíes. Le parecía inmoral que en alguno de esos saraos se consumiesen 400 pollos en una noche, mientras tanta gente pasaba -y pasa- hambre en Andalucía. Lo malo es que sin esos pollos en el buche de la jet set, también pasarían hambre los peones de la finca donde los criaron.

En este sentido, la suspensión del rally africano es una tragedia mayor para Marruecos, Mauritania y Senegal, que para los participantes y sus patrocinadores. Empresas que han gastado la nada despreciable cantidad de 115 millones de euros para estar presentes en la carrera, si bien ninguna quebrará por ello. Lo pasarán bastante peor muchos africanos que se han quedado sin los ingresos de varios meses. Algunos, sin los de todo un año. Una queja materializada por el portavoz del sindicato hotelero de Senegal, Moustapha Kane, al hablar de una pérdida inmensa para el sector turístico de su país.

Subyace, empero, una cuestión más importante que la debacle dineraria. Me refiero a la claudicación ante una organización terrorista que, con tal de atacar a Occidente, no le importa sumir aún más en la miseria a su propio pueblo. "La suspensión no está justificada; hemos tomado todas las medidas para garantizar que no habría incidentes", se queja el ministro mauritano de Asuntos Exteriores. Un sermón en el desierto, nunca mejor dicho. En Occidente nadie quiere complicarse la vida. Por eso cuando Al Qaeda decida que la vuelta ciclista a España no puede pasar por Andalucía porque eso es Al Ándalus y, en consecuencia, territorio musulmán arrebatado por los infieles, los ciclistas pedalearán alrededor de la madrileña Casa de Campo, o no pedalearán.

rpeyt@yahoo.es

 

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