1.- Los taxistas son los grandes perjudicados de una ciudad con un tráfico caótico como es Santa Cruz. Además, la promoción de los transportes públicos por parte del Cabildo los ha dejado en la estacada. El Ayuntamiento, que un día desmadró las licencias por cuestiones políticas, tampoco ha sido capaz de comprar dichas licencias a los taxistas que se jubilan, y dejarlas sin efecto, para impedir que el número de taxis siga superando los ratios adecuados para una ciudad de 200.000 habitantes. Ni ha sido capaz el consistorio de instalar en la zona urbana, con decisión, el carril para coches de servicio público y guaguas que facilite el tránsito de estos vehículos. Y, por descontado, la aparición del benéfico (para los ciudadanos) tranvía ha supuesto también un palo para los profesionales del sector que nos ocupa.
2.- A la vista de todo ello, los taxistas piensan ejercer acciones reivindicativas, al menos para que les hagan caso. Estoy con ellos. El Ayuntamiento de Santa Cruz tiene el deber moral de atender estas y otras peticiones y el Cabildo de apoyarlas. ¿Qué pide esta gente? Un carril en sentido contrario al de la circulación en la calle de Méndez Núñez para facilitar su tránsito por la ciudad. Fácil, porque esa vía es un feudo de los que aparcan en doble fila. Vamos a darles ese espacio a los taxistas. ¿Qué más? Pues que el Ayuntamiento, a la hora del retiro de los profesionales, adquiera sus licencias al precio de mercado y las anule, para que no sean transmitidas a nuevos taxistas que agudicen el problema. Sólo hasta regular el número de coches, de acuerdo con la dimensión de la ciudad.
3.- Tradicionalmente, los taxistas de Santa Cruz han sido los mejores guías de nuestros visitantes; se cuenta con ellos para muchas cosas, incluso para pasear, una vez al año, a los viejitos de los asilos, en esas caravanas enormes que recorren la isla. Van a los barcos a recoger turismo, llevan enfermos a los hospitales, hacen más fáciles las comunicaciones con los aeropuertos, son las primeras personas con las que hablan los visitantes de la isla, a su llegada. Pero nunca se les atiende. Yo creo que lo que piden es justo, tan justo que no admite discusión. Por eso apoyo sus reivindicaciones, tan lógicas, y solicito a las autoridades que las atiendan porque es de justicia.
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