ESTA SÍ QUE ES BUENA. Ahora resulta que el Cabildo de Canaria va a enseñar a su propia gente, y a otras de fuera, que la isla se llama "Gran Canaria". Para que sus habitantes lo tengan claro y sientan "el orgullo" de ser "grancanarios"; y para que nadie les confunda con otros lugares de Canarias y de España, por aquello de los términos "palma" y "palmas". Qué desfachatez. ¡Pero si es ese término, precisamente, el "gran", el que confunde y el que ha propiciado tantas ganancias, sobre todo turísticas, a aquella isla! ¿No será que lo que quieren es potenciar más todavía esa faceta, es decir, la de dejar bien claro que ellos son los "grandes" y por eso son los primeros en todo? Lo decimos a menudo y lo repetimos hoy: con estos vecinos que siempre están rompiendo la concordia y la armonía insular no puede haber paz en este Archipiélago y el pleito seguirá por los siglos de los siglos.
*** *** ***
Una de las principales enseñanzas que nos ha traído 2007 es que no se pueden repetir las políticas nefastas que hemos visto y padecido a lo largo del año en todos los ámbitos geográficos: desde el mundo hasta la isla de Tenerife. Políticos de baja estofa y peor preparación han hecho estropicios sin tino a lo largo de estos doce meses, y no se puede consentir que sean los mismos quienes nos amarguen el año nuevo. Por lo pronto, que se dediquen a trabajar más y a hacer menos política, en el mal sentido de la palabra, es decir, en el de enredar y perder el tiempo en disquisiciones teóricas. Y aquí, en estas Islas, que se olviden ya del inútil Estatuto de Autonomía, como no sea para hacer uno de transición que, arreglando los desafueros del actual, prepare el advenimiento de una etapa diferente donde la soberanía sea la que marque las nuevas relaciones con Madrid. Ya sabemos que eso, hoy por hoy, no es posible y que estamos sujetos a lo que dice una Constitución aprobada en referéndum. Pero no nos engañemos, ése no es el sentir de una mayoría de canarios que, si no se pronuncian más abiertamente, es por temor a no coincidir con el vecino. Una vez se quite el primero la careta, otros muchos le seguirán y dirán lo que piensan de verdad: que no se puede vivir a dos mil kilómetros de un Gobierno central y sujeto a las obligaciones que éste impone desde la lejanía y el desconocimiento.Y ya que hablamos de olvidar asuntos, que se deje de lado de una vez la policía autonómica canaria y se refuercen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estatales, que han demostrado su eficacia, mientras que lo otro sería un instrumento más de dominación de Las Palmas sobre el resto del Archipiélago.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD