Se sospechaba o, al menos, así lo sospechaba la dirección del PP, que las negociaciones con ETA terminarían por castigar electoralmente Zapatero. No está siendo así, sin embargo, a juzgar por las encuestas. Los socialistas podrían mejorar, incluso, sus resultados en el País Vasco y tampoco se advertirían fuertes efectos negativos en el resto de España. En términos generales la opinión pública no le pasaría factura al Gobierno por su política antiterrorista, esto es, por la liquidación de Pacto por las Libertades, las deferencias de Zapatero con Otegi al calificarle como "hombre de paz", las condescendencias penitenciarias con De Juana Chaos y, en fin, la legalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas y más recientemente de Acción Nacionalista Vasca.
Por si acaso, el Gobierno entendió que debía interrumpir las negociaciones con ETA y el proceso de anexión de Navarra en esa ensoñada construcción que es Euskal Herría para los nacionalistas vascos.
El intenso proceso "territorial" que hemos vivido en estos años ha tenido efectos muy contradictorios. A mi entender, la política antiterrorista del Gobierno ha llevado a una mayor nitidez la existencia de dos concepciones de España con un cierto fortalecimiento de la que podemos calificar como unitarista.
La polémica de los símbolos no ha tenido muchos mayores efectos que el escándalo que está suponiendo la negativa de los ayuntamiento a cumplir una resolución del Tribunal Supremo. El efecto positivo ha sido la pérdida del complejo a levantar la bandera nacional por parte de media España. El negativo es la afirmación de las nacionalidades como naciones. Las "dos Españas".
Electoralmente no les irán mal las cosas a los socialistas catalanes. El PSC puede ser el partido más favorecido en las legislativas de marzo. La desafección al sistema de una buena parte de la ciudadanía no altera la relación de fuerzas y, desde luego, no revertirá en una adhesión al partido que defiende la lengua común... Las esperanzas del PP están más puestas en el descenso de Esquerra Republicana de Cataluña que en las ganancias propias.
Las incógnitas en estos momentos tienen que ver más con los efectos electorales que pueda tener la crisis económica. Según los técnicos socialistas la clave de la "diferencia" española en relación con la mayoría de los países de la Unión Europea habría estado en el papel dinamizador representado por la construcción. Los fallos en la productividad y en la debilidad exportadora han sido hechos estructurales, definitorios también de la economía en los tiempos de Aznar.
En todo caso podría ser ahora cuando pasaran la factura al partido en el poder. Quizá por eso el Gobierno, según algunos, ha querido levantar la polémica con la Iglesia. Sería demasiado triste que la polémica sobre los cien mil abortos anuales pudieran "tapar" el crecimiento del paro o el encarecimiento de la cesta de la compra.
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