OÍA YO el primero de este mes el mensaje a los canarios del presidente del Gobierno del Archipiélago con motivo del Año Nuevo, y comenté al final: "¡Qué bonito y qué encanto si fuera verdad!". Y que conste que no lo digo por Paulino Rivero, que realmente lleva muy poco tiempo en la presidencia regional. Lo expreso por las repetidas experiencias a que asistimos continuamente. Promesas incumplidas, propósitos fallados y desencantos por todas partes.
Hace pocos días escuché la historia de un agricultor que había acudido al departamento correspondiente, donde anunciaban ayudas para realizar unas charcas de uso agrícola. El empresario presentó los papeles que le pedían, menos dos que no estaban correctamente señalados. Al poco tiempo volvió al departamento, pero le rechazaron los dos nuevos papeles, diciéndole que había que enmendarlos por no sé qué cosa. Tuvo que volver dos veces más por diferentes motivos, la última vez porque la empleada -había doce- no había venido ese día por enfermedad, y nadie sabía dónde estaba la documentación.
Resumen, que el empresario agrícola se cabreó y, dando un puñetazo sobre el mostrador, dijo para que todos le oyeran: "Entrégueme usted ahora mismo, pero ahora mismo, toda la documentación. No me hace falta ya el millón aproximado de pesetas que me iban a prestar. Ya buscaré yo el dinero por otra parte, y dejen ese millón para traer un cantante más de tantos como traen y pagan con el dinero que debería estar destinado para el trabajo".
Muy bien, comentó alguien que andaba por allí, así deberíamos hacer todos. Que con sus falsas promesas no nos conviertan en pedigüeños.
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