UNA VEZ MÁS nos sorprende la insistencia de un rotativo de Las Palmas que, por la obsesión de su director de perjudicar como pueda a Tenerife y a su periódico portavoz, que lo es también de todo el Archipiélago -y ahí están las últimas cifras del Estudio General de Medios para confirmarlo-, confunde la velocidad con el tocino. Cierto es que el tiempo pone a cada uno en su sitio y así le va a la citada publicación precisamente por culpa de su director, que, al igual que la cucaracha mexicana, porque no sabe, porque no tiene, porque le faltan, ha pasado de ser el segundo periódico de Canarias a ser el tercero, con una pérdida de 33.000 lectores. ¡Que no es nada! El DÍA lo supera en 41.000.
Claro está que podrán recuperarse, pero de momento los lectores los han situado ahí, los terceros. Y es que a los canarios no les interesa que la noticia principal sea EL DÍA y su editor y director, José Rodríguez Ramírez, tal y como ha pretendido a lo largo del año que acabamos de dejar el citado periódico canarión y, además, de forma equivocada.
Sí, de forma errónea, pues cegados por su obcecación aseguran que EL DÍA quiere imponer un nuevo soberanismo, lo que, efectivamente, no importa a nadie. Totalmente de acuerdo, pero es que en esta Casa nunca hemos hablado de soberanismo, sino de soberanía y, aunque en la tercera isla lo desconozcan, hay matices entre uno y otro término.
De entrada, el primero de ellos, soberanismo, ni siquiera aparece en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), con lo cual no sabemos lo que es. Otra cosa es la soberanía que reclama EL DÍA, es decir, poder vivir en libertad, cómodos, holgados, sin amos que nos manden y esclavicen políticamente y administrativamente desde Madrid. Algo que aprovechando el comienzo de un nuevo año volvemos a demandar, pues no entendemos por qué los que queremos la libertad no podemos ser libres, manteniendo nuestras amistades y con nuestros propios anhelos.
¿Por qué tenemos que estar sometidos a los caprichos de cualquier Pepiño o Ángel, o Mariano o José Luis? ¿Por qué un pueblo ha de estar sujeto a los antojos de cualquier incompetente instalado en Madrid al que no le importa, por ejemplo, destrozar la familia como institución básica de la sociedad inmiscuyéndose incluso en el derecho y obligación que tiene todo padre de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana?
Insistimos, para que les quede claro a aquellos que todavía tienen dudas sobre nuestras reivindicaciones. Lo que EL DÍA quiere para Canarias es la soberanía; ser nosotros mismos; no ser siervos de pepiños y angelitos, ni españoles de segunda, tercera o cuarta clase. ¿Qué significamos los canarios como españoles en la Península Ibérica, Europa y el resto del Mundo? ¿Por qué somos españoles si estamos a miles de kilómetros de distancia de España y a tan solo cien del continente africano? Amigos y socios de los españoles, sí. Respetuosos con sus instituciones, también. No hay que olvidar que hablamos la misma lengua y tenemos, aunque impuesta, una cultura similar, enriquecida con la aportación de otras costumbres europeas y americanas.
Creemos en Canarias, en Tenerife, isla principal a la que se debe devolver todo lo que se le ha robado y que merece albergar la capital por derechos históricos y propios, es decir, geográficos y de población.
*** *** ***
A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, pero no creemos en toda esa casta que se nos quiere imponer, aunque respetamos sus derechos. Viene esto a cuento por el calvario que creemos debe estar pasando estos días el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, a quien se quiere crucificar por decir lo que cree y hablar libremente. Aunque ya Jesús sufrió su propio calvario por predicar -eso debe aliviar su padecimiento- da la sensación de que nos encontramos en la Rusia de Lenin o Stalin o en la Alemania de Hitler, en las que estaba prohibido expresarse sin censura.
La verdad es que el obispo cayó en la trampa de un periódico pro canarión -¿hubiera hecho lo mismo con el obispo Cases de Las Palmas?- que buscaba la ruindad y anularlo tanto a él como a los valores que defiende, entre otros, la familia. En esta Casa creemos en el valor insustituible de la familia, en la institución del matrimonio formado por un padre y una madre, un hombre y una mujer. Del mismo modo, defendemos la moral, las buenas costumbres, la disciplina, el orden, la fidelidad, el trabajo. Respetamos, eso sí, a los que discrepan de nuestros planteamientos del mismo modo que nos gustaría que esos que presumen de ser adalides de la libertad respetaran los nuestros. Confiamos en que la ruindad no sea tan ruin que ahora caiga sobre nosotros.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.