COCINAR ES UN CAMINO
que comienza con un paso como todos los senderos y, te lleve donde te lleve, no es el destino final lo que importa de verdad. Obviamente, la experiencia del viaje, que es el camino mismo, define el cocinar de cada uno. Y la cocina de cada cual es una historia única e irrepetible, de sabores, crecimiento personal y equilibrio entre frío y caliente. Lo que puede haber pasado en este año que se fue entre fiestas y celebraciones es tesoro de cada uno de nosotros. Socialmente hemos disfrutado de iniciativas como el encuentro tricontinental, el concurso fotográfico de gastronomía, las cenas en el Hotel Escuela, abrir y cerrar de restaurantes, mejoras con las fuerzas juveniles que ya están preparando el relevo de la vieja guardia. Los cursos del Plan de Gastronomía. libros publicados, cursos de cocina y pastelería de la editorial Montagud, la iniciativa en el Hotel Anthelia. Lo más constante, innovador, abierto y formativo ha sido, sin modestia, la página que EL DÍA ha querido publicar a diario sobre gastronomía. Que se vea o no, la página a cargo de Fran Belín es una puerta abierta al camino de la vida gastronómica en Tenerife. Ha sido un honor llegar hasta ustedes a través de su sendero de papel y sabores. Todo esto y lo que se me olvida es sólo una crónica. Lo que más quiero testimoniar es, como siempre, lo que no se ve. Cocinar es una acción comestible, concreta, negocio, ciencia, arte y su sabor, su madurez como plato terminado se cumple con quien come. Así, para que la cocina evolucione, es importantísima la formación y el gusto del cliente, que debe avanzar conjuntamente con la profesión. La relación entre cocina y comedor es lo más importante. Este año que ha pasado he visto grandes dificultades con los precios y el mercado. Si en Tenerife podemos comer con satisfacción por 15 euros no podemos comer con gusto por 120 euros. Creo que se acabó lo de que los salarios en Canarias son inferiores ( por lo menos en un buen restaurante) y que debemos aprender a mantener un comedor lleno con un cubierto económico de alta cocina: en fin, cocinar es un milagro, una vez más. Encontrar una vía del medio entre las agresiones comerciales de muchos restaurantes y la simpatía etílica del cliente, lo exquisito de algunas cocinas y el gusto refinado de otros comedores, el cariño familiar de un plato y la rentabilidad de la basura, encontrar el equilibrio en todo esto es el camino y el verdadero trabajo. Vuelvo así donde comencé: el amor es lo fundamental en la vida y en la cocina. Este 2007 nos ha dado y ha recibido la cantidad de amor que hemos querido: ha ido bien y todavía falta. Podemos crecer más haciendo el bien y no haciendo el mal, hasta un niño lo sabe. Es sólo una actitud. Quiero así invitar a los jóvenes y a los viejos cocineros a pensar no solamente en uno mismo y practicar la generosidad. Al cliente invito a abrirse más, no sólo por aparentar en salones emblemáticos, sino por el crecimiento cultural de 2008. www.restaurantemahakala.com