Economía y Laboral
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Un empresario, ejemplo de lucha y constancia

30/dic/07 01:25
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TERENCIO MIGUEL ACOSTA ARMAS, natural de San Andrés (El Hierro), falleció el pasado 25 de septiembre de 2007 en un trágico accidente, a los 64 años. Quienes lo conocieron lo definen como un hombre sencillo, honesto, amante de su familia y defensor de El Hierro, isla que lo vio nacer y donde se formó como empresario. Hecho a sí mismo, de carácter luchador e inconformista, sus convicciones lo llevaron a participar activamente en el tejido empresarial de El Hierro; primero, como Presidente de la Asociación de Empresarios, y después, como miembro del Pleno y Coordinador General de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación. El tesón de Terencio, hombre de gran corazón, justo y humilde, se forja desde muy corta edad, al quedar huérfano de padre a los 3 años. A sus 7 años, ayuda ya en las tareas de una pequeña cantina regentada por su madre, compaginándolo con la escuela y la recolección de leña. A los 12, por enfermedad de su madre, se vio obligado a abandonar la escuela para hacerse cargo de la cantina hasta los 15, edad a la que empezó a trabajar en la construcción del muelle. A sus 19 años, en 1962, contrajo matrimonio con Mª Dolores Armas Cabrera, su primer tesoro, dicho por él, con quien tendría el fruto de 5 hijos, sus otros tesoros. Muy pronto marchó al servicio militar en La Marina, durante dos años, en el Juan Sebastián Elcano, buque insignia en el que tuvo la oportunidad de dar la vuelta al mundo dos veces. A su vuelta, durante un tiempo, compaginó hasta tres actividades: Pescar, vender lo que pescaba y trabajar en la Organización de Obreros Portuarios. Un día, un buen hombre le propuso dedicarse a la venta ambulante y a abastecer bares. Su incipiente vena comercial lo condujo, así, a la venta de samas saladas y batatas, él sólo, a hombros, y casa por casa. Tras agregar las verduras, solicitó el pertinente permiso de venta ambulante, hasta que pudo alquilar dos garajes, uno en Valverde y otro en el Puerto de la Estaca, para almacenar sus productos. Fue en 1967 cuando se pudo permitir vivir del comercio. Diez años después alquiló un local mayor, donde, por iniciativa de su esposa, atendía tanto la venta al detall como al por mayor. En 1982, en Valverde, ambos afrontaron la construcción y apertura del primero de los supermercados que hoy llevan su nombre. Terencio, asistido por su constancia y sufrido sacrificio, la renuncia a privilegios, y con el apoyo incondicional de su esposa, levantó un modesto imperio con sus propias manos y, tras décadas de duro trabajo, lo convirtió en el referente de la alimentación en la Isla de El Hierro. Actualmente, los logros de su lucha de toda una vida, una Nave de logística en Tenerife, siete supermercados en distintos puntos de la isla, la venta al por mayor, y la representación de marcas líderes que tienen en distribución, les hacen visitar el cien por cien de los negocios de alimentación y hostelería de toda la isla de El Hierro. La continuidad de todos sus frutos, sus ilusiones y proyectos, lo llevan sus hijos y esposa, a la que siempre consideró parte importante y fundamental de su crecimiento empresarial y personal.

 

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