"DIOS HA CREADO al ser humano para que viva rodeado de Naturaleza. Si por un momento cerramos los ojos, sentiremos la presencia divina en el susurro de un animal, en la fuerza de los truenos, en la fragancia y facilidad de una flor, en la reciedumbre de un tronco de árbol majestuoso, en la inmensidad del cielo azulado? A lo largo de los siglos, los hombres nos hemos sentido atraídos por la belleza que nos ofrece la Naturaleza y hemos disfrutado de ella para vivir. Dios dispuso en la tierra todo lo que el hombre podría necesitar para alimentarse y para curarse. Y el hombre, dotado de inteligencia, ha sabido aprovechar esos bienes para profundizar en el conocimiento de las propiedades nutritivas y curativas que ofrecen los alimentos y plantas que crecen a su alrededor. Así, poco a poco, ha ido surgiendo una medicina natural basada en la sencillez que ha ido perfeccionándose con el paso de los años hasta conformar una medicina natural con grandes bases científicas".
Este preciso texto pudiera ser de un teólogo, de un científico, de un naturalista, de un místico, de un filósofo. Quiere resumir, con sencillez, el tríptico de fe-razón-ciencia que en todos los tiempos ha constituido el eje vertebral para las respuestas esenciales de un ser humano: qué somos, de dónde venimos, qué se quiere ser, en qué creemos. Pues, aquellas palabras no son expresión de una gran figura en el mundo exterior: son de la "Introducción" de Sor Isabel Lora, una religiosa dominica, en la media edad de su vida monástica, sonriente siempre, autora conocida de diversos libros de gastronomía y restauración -"best seller" en años pasados, El puchero de las monjas, La cocina familiar, Los dulces de las monjas, Los postres del monasterio-, y que ahora nos ha sorprendido con la obra La botica de Sor Isabel. Los remedios naturales de las monjas.
Su experiencia como enfermera, durante varios años, en el monasterio de Nuestra Señora del Rosario, de la ciudad aragonesa de Daroca, con varios siglos de existencia, y en donde se hizo venerable Sor Teresita del Niño Jesús, la impregnación familiar y rural, rica en virtudes y de hallazgos naturales, sumado a documentos, libros y datos medicinales de la propia comunidad, han permitido a Sor Isabel ofrecernos este nuevo trabajo, de corte diferente a los anteriores, referido a la "botica natural de las monjas", que se abre, puertas abiertas, a los muchos lectores que Sor Isabel ya tenía.
Es un trabajo muy bien presentado, editado en Barcelona por "Styria", con unas ilustraciones ricas en colores, datos y fotografías, que hacen penetrar los textos, recetarios, plantas, hierbas, cultivos, aplicaciones, infusiones, vinos, jarabes, hortalizas, frutas, aceites, métodos, gargarismos, etc., es decir, un conjunto de remedios caseros para mejorar la calidad de vida cotidiana, con amenidad, con naturalidad. Esa botica se puede tener en casa, cultivarla, usarla, aplicarla. Para eso se señalan las plantas clásicas conocidas: ajos, cebollas, remolachas, hinojo, y algunas menos citadas, como el jenjibre, malvas, etc. Cada una con su aplicación específica, su fórmula de presentación. Si se pone a examinar las dolencias, hay unos cuadros sencillos, pero explícitos: acidez de estómago, acné, afonía, alergia, amigdalitis, ampollas, anemia, anginas, ardores, arrugas, cólicos, catarros, cistitis, congestión nasal, encías, hipertensión, jaqueca, juanetes, varices, vómitos. No queda resquicio alguno de dolencias o trastornos habituales. Se respeta la medicina convencional y la labor del médico. Es un pequeño arte de curación y de persuasión. Y en cada receta, hay una moraleja espiritual que penetra en el alma del lector con parecida eficacia que la receta de la botica, obra que hará mucho bien, escrita con amor, y responsabilidad, y con ilusionada esperanza de sus efectos.
* Premio Nacional de Literatura
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