R. SÁNCHEZ, Pto. de la Cruz
Diez décimos del Gordo de la Lotería de Navidad pasaron unas semanas de vacaciones en el Puerto de la Cruz. Alojados en plena avenida de Colón, en la Administración de Loterías Número 1 de la ciudad turística, disfrutaron de la primera línea de la playa de Martiánez y de las vistas al Lago que diseñó César Manrique. En la mañana del viernes día 21 emprendieron, decepcionados por su nulo éxito, el regreso a casa. Nadie compró ninguno de los diez décimos del 06381. A Loterías y Apuestas del Estado le tocaron ayer, a costa de los portuenses y de los miles de turistas y visitantes que han pasado de largo por la suerte, nada menos que 3 millones de euros. Ha leído bien. El Gordo estaba en el Puerto de la Cruz y nadie quiso comprarlo.
La encargada de la administración más desgraciada del día en Tenerife nació en Inglaterra, se llama Sandra Bailey, y ayer tenía cara de circunstancia. No era para menos. Cuando escuchó por la radio el número que entrega al portador de cada décimo esos 300.000 euros para tapar agujeros, lo buscó en el ordenador. Y, efectivamente, se cumplieron los malos presagios: sólo un día antes se había devuelto enterito. No se vendió ni uno.
Bailey sentía ayer que devolver el Gordo ha sido "una desgracia" para una administración que lleva abierta seis años y aún no ha repartido ningún premio de los grandes. Lo más que acertaba a decir esta lotera que vino de la Gran Bretaña era: "¡Qué pena!". Y esa precisamente era la expresión más repetida entre los vecinos y conocidos que acudían, plenos de novelería, a compartir la alegría tornada en decepción por un Gordo que no fue.
Tras digerir el disgusto, Sandra Bailey ya ni atendía al teléfono, que no paraba de sonar. Todos querían escuchar a esta británica que lleva afincada 25 años en Tenerife decir que tuvo el Gordo pegado en el cristal de su administración y que, por falta de voluntarios para hacerse medio ricos, tuvo que devolverlo.
Si se hubiera vendido, el tópico de muy repartido hubiera sido más cierto que nunca. Los clientes de esta administración son mayoritariamente turistas peninsulares, algún visitante extranjero y también vecinos portuenses.
Amigos y clientes de la Administración Número 1 del Puerto de la Cruz iban llegando alegres para felicitar a Sandra Bailey por haber vendido parte del Gordo de Navidad. El semblante les cambiaba en cuanto descubrían la triste realidad. El Gordo sólo estuvo de paso. Pedro le regaló un abrazo a la lotera y se marchó recitando una especie de mantra de la consolación: "La suerte no está para quien la busca, sino para quien la encuentra". Más explícito se mostraba Francisco Javier, otro cliente habitual que compró cuatro décimos diferentes en esta administración, y por supuesto ninguno del 6381: "¡Me cago en la leche! ¿Aquí nunca podemos disfrutar o qué?".
Razón no le falta. Desde el año 2001 no cae el Gordo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Ayer hubiera o hubiese caído aquí, pero se cayó un día antes y rebotó de nuevo para el repleto bolsillo de Loterías y Apuestas del Estado. Estar, estuvo; tocar, no ha tocado.
"¡Qué le vamos a hacer!", repetía Bailey mientras todos los medios de comunicación imaginables iban tomando posiciones. EL DÍA tuvo la oportunidad de llegar el primero y, con la intimidad de la ausencia de focos, micrófonos, cámaras y unidades móviles, pudo compartir con Sandra Bailey sus pensamientos en voz alta: "Nadie lo quiso, yo creo que estuvo un tiempo expuesto en el cristal, pero claro, como empezaba por cero y era cortito, la gente lo rechazaba...". Quién iba a saber que tenía 300.000 euros delante de las narices. Al final, entre tanto número, los tres millones de euros de los diez pedazos del 06381 se fueron por donde vinieron.
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