1.- El domingo pasado fui a ver al Madrid al estadio Santiago Bernabéu, en su partido contra el Osasuna. Fui con mis dos hermanos, mi sobrino y un amigo. Como todos somos madridistas fanáticos, el triunfo sobre el equipo navarro nos dejó contentos, y también la costillada posterior en un restaurante cercano. Me compré la bufanda anticulé y el gorro con el escudo del Madrid y la bandera española, como corresponde a un buen aficionado blanquito. Volver al Bernabéu -yo voy al menos una vez al año, como los árabes a La Meca- me reconforta, lo disfruto. Ni siquiera tuve que pedir las entradas a mi estimado Pedro García-Sanjuán - que es amigo del presidente Calderón -, sino que las compré por la Internet a 45 euros cada una. Me encaramé en aquella grada y vibré con la afición madridista, aunque no puedo decir que con el juego del equipo, que hizo lo mínimo para ganar.
2.- La vez anterior que acudí a Chamartín fue la temporada pasada, con mis hijas y Guillermito "Fantástico" González y la suya, a ver el Real Madrid-Recre; me parece que el partido terminó también con un 2-0 favorable a los nuestros. Eso de ir al fútbol es un rito. Yo, en mi infancia y juventud, seguía cada domingo al C.D. Puerto Cruz, dentro y fuera de casa. Así conocí los campos y los pueblos de la isla, con mi padre, mi abuelo y Fanfo y Manolo Carmona. Disfrutábamos con el fútbol y de ahí nació mi afición, que jamás ha languidecido. Es más, creció con las hazañas deportivas del Tete, de la mano de mi gran amigo Javier Pérez, tristemente desaparecido. Al Tete lo seguí por toda Europa y gocé con sus triunfos y sufrí con sus fracasos.
3.- La otra noche, en el Santiago Bernabéu, soportamos dos grados de temperatura, porque la calefacción no llegaba a nuestros asientos del tercer anfiteatro y por la espalda nos entraba un chiflete de mucho cuidado, pero aguantamos. Vaya que si aguantamos. Ver un partido en vivo genera una magia especial, una emoción distinta. Estás allí, nadie te lo está contando, te sientes más antibarcelonista que nunca, te fanatizas con el equipo blanco. Yo soy más antibarcelonista desde que me enteré de que Zapatero era culé; de ahí lo de la bufanda.
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